sábado, 3 de enero de 2015

Primer Capítulo de "Enséñame A Pensar"

ENSÉÑAME
A
PENSAR





AUTOR: Luis Miguel Heras Rubio







-Ya va siendo hora de que dejen de sonar despertadores que joden los mejores sueños-



Por ellas, que nunca pierden la sonrisa. G.A
Por aquellos que empezamos el 2015 solteros.
Os lo dedico


PRÓLOGO
Quizás la desconfianza sea uno de los mayores miedos del ser humano;  nos preocupamos demasiado por la impresión que damos a los demás y a veces desvaloramos a los de nuestro alrededor para intentar sorprender a los desconocidos. ¿Pero crees que puede llegar el día en el que  no creas ni en los de tu alrededor? ¿Que aquellos que creíste imprescindibles en tu vida de repente se van y no vuelven? ¿Qué quién decía ser ya no es? Si lo crees imposible, yo te invito a que vivas la aventura de estos 12 amigos, bueno, si se les puede llamar amigos; en la que en un simple fin de semana de otoño sus vidas cambian por completo.  






CAPÍTULO 1
“El Jefe”
Siempre salían juntos, fueran dónde fueran nunca faltaba ni uno, siempre les veías reír por las calles de Segovia, de norte a sur, de este a oeste. Cada día  recorrían los 12, toda Segovia, eran inseparables. Creo que todos los ciudadanos de Segovia nos sabíamos sus nombres como el libro gordo de Petete, como no nos les íbamos a aprender si siempre les cantaban.
Daba gloria cuando pasaban por aquí, cerca de mi ventana, siempre cantaban aquella canción que del aburrimiento y de tanto repetirla no la sabíamos todos los vecinos de esta humilde ciudad:
“Había una vez unos amigos chiquititos que no podían, que no podían dejar de ser felices, de sonreírle a la vida. Sí, señores y señoras ellos son: Yoli, Javier, Rocío, Darío, Ángela, Jorge, Omar, Cleo, Sara, Diego, Helena y Antúan”
Había de todo: Darío era muy risueño; Rocío era muy tímida; Yoli, era un poco trasto; Javier, estaba un poco afeminado pero era muy cariñoso; Ángela, nunca estaba de acuerdo con nada; con Jorge todos se lo pasan de maravilla; Omar era muy soso; Cleo siempre tenía dulces palabras para los demás; a Sara nunca se la podían contar secretos era muy chismosa; a Diego le gustaba mandar y mucho; Helena era la pequeñita del grupo tendría unos 16 años y Antúan era el guaperas de todo el grupo.
Siempre se reunían en una pequeña casita de madera que habían construido ellos y allí se lo pasaban en grande. Muchos de ellos trabajaban, mientras que el resto tenían que estudiar; pero siempre sacaban tiempo para quedar todos juntos desde las 4 de la tarde hasta las 9 de la noche. Ni las discotecas, ni las fiestas de los pueblos de alrededor; a ellos les gustaba quedar y contarse como les estaba yendo la semana y ya de paso jugar a los juegos estos de “Verdad o atrevimiento”. Una vez le tocó al pobre de Darío ir a la Universidad en pelotas y menuda bronca le cayó.
 Muchos, se veían todos los días. Los que estudiaban compartían vida en el mismo piso y Omar y Ángela trabajaban en el mismo supermercado.
Las vacaciones de Navidad y Verano las solían pasar todos juntos, desgraciadamente, todos ellos eran huérfanos y se habían conocido desde muy chiquitos en el orfanato.
Nunca habían tenido ni una pelea y siempre se contaban todos los secretos: que si a uno le gustaba la compañera suya de pupitre, que si a la otra la gustaba su compañero, el camarero. Con ellos las risas estaban aseguradas.                                          Hasta que, desafortunadamente, un día decidieron alquilar una casa rural para todo un fin de semana, desde aquel momento ya nada volvió a ser como antes.
Quedaron una noche oscura en aquella cabaña en la que siempre se reunían, dispuestos a coger el mejor hotel de Albacete e irse a vivir allí, todos juntos  durante todo un fin de semana; de viernes por la tarde a domingo noche. Estuvieron varias horas; indecisos, aunque se llevaban muy bien, cada uno tenía opiniones muy distintas y llegar a un acuerdo todos juntos era un dilema gordo. Pero alrededor de la medianoche la idea propuesta por Sara fue la  más votada: irían a una mansión cerca del pueblo de Socovos, dicho lugar era conocido con el nombre de “El Jefe” y estaba muy bien económicamente (únicamente tendrían que pagar 10€ cada uno). Terminaron la reunión pensando quien llevaría los 3 coches: Omar, Yoli y Darío serían los encargados de llevarles hacia su destino; también decidieron que días pasarían en aquel hotel: del 16 de octubre a las 5 de la tarde hasta el domingo 18 a las 10 de la noche.
Aquel día llegó muy pronto, todos los  integrantes de aquella pandilla se pasaron las horas anteriores  corriendo con sus maletas por todo el acueducto. La gente que pasaba por allí se les quedaba mirando, pero a ellos ni les importaba, seguían a su rollo; gritando, cantando.
Tenía toda la pinta de que iba a ser un fin de semana inolvidable para todos aquellos.
Las 5 la tarde se les hicieron eternas, pero finalmente llegó aquel momento. Los 12 amigos quedaron con los coches de algunos de ellos en la casita de madera, Yoli llevó a algunas chicas, mientras que Darío y Omar se repartieron al resto.
Fue un viaje largo, llegaron a su destino en 3 horas y algún que otro minuto; pero cada coche eran un espectáculo: en el coche de Yoli, las chicas empezaron a hablar de sus ligues, de cuál era para ellas el mejor beso y cuál de los de los chicos de su pandilla era el más guapo; en el coche de Omar, tenían la música a tope y cantaban las canciones de Juan Magan y Extremoduro; y, en el coche de Darío las bromas eran las reinas de las fiestas, acompañadas de numerosas risas.
Pasadas las 8 de la tarde, llegaron a su destino.
Al bajar del coche todos se quedaron boquiabiertos, era una mansión enorme, no había ni una sola persona, estaba aislada del resto del mundo, era tan tenebrosa que la mayoría decidieron coger el coche y largarse; pero al hacerlo los coches dejaron de funcionar. Comenzó a sembrarse el caos.
La primera que se quejó fue Ángela, como siempre; decía que ya lo sabía, que esa mierda de hotel era demasiado barato para ser como lo pintaban en Internet, y que por la culpa de todos ellos iba a pasar un fin de semana sumergido en una mierda de casa. La siguió Darío, que aunque a éste la situación no le daba ninguna buena impresión decidió tomárselo bien y les tranquilizó a sus compañeros explicándoles que quizás la casa no estaría tan mal y que seguramente se lo pasarían de maravilla allí dentro. El resto apoyó a Darío y cogieron las maletas y empezaron a subir los escalones de aquella mansión que estaban repletos de hojas de una de las enredaderas. Helena subió agarrada de su novio, Diego, Antúan ayudó a Rocío a subir las maletas y el resto subió sin acompañamiento aquellas escaleras a las que las faltaban trozos.
Cuando llegaron a la enorme puerta, Jorge comenzó a introducir la llave en el agujero de hierro de ésta. La dichosa puerta no se abría, hasta que llegó Yoli, le agarró la mano a éste y le dijo que era para el lado contrario al que éste lo estaba haciendo. Jorge la miró, se llevó la mano a la cabeza y se la arrascó, y sonriéndola la dijo:
-Ups… Pues… va a ser verdad.
-Claro que sí tonto, ¿tú de abrir puertas no?
Javi les cortó el rollo
-Venga, dejaos de chorradas y abridnos de una maldita vez la puerta.
Yoli y Jorge sonrieron y ésta abrió la puerta ayudaba un poquitín por la fuerza de Jorge al empujar.
Al abrir la maldita puerta, el cartel que estaba colgado en un clavo de la puerta se calló y la dio a Yoli en la cabeza, quién enseguida ya tenía a Jorge a su lado preguntándola si se encontraba bien. Ella le respondió con una sonrisa y se levantó. Cleo cogió el cartel y le quitó la arena y el polvo que dificultaba leer lo que ponía, cuando por fin se deshizo de todo ello, leyó en voz alta lo que estaba grabado en aquel trozo de madera roñosa. En aquel cartel se podía leer:
“EL JEFE” en una letra un poco inusual y seguidamente de aquellas palabras ponía “ENSÉÑAME A PENSAR”.
A Ángela que aquello no la estaba dando buen rollo, cogió el cartel y le tiró a un lago que había al otro lado del final de las escaleras. Sara la agarró de la manga del polo y la regañó diciéndola que era lo que había tocado y que si no la gustaba que se fuera andando, pero que no arruinará más el fin de semana al resto.
Ángela que era muy cabezota, cogió su maleta y dispuesta a largarse bajo paso a paso cada peldaño de la escalera, pero Omar, que estaba pilladito por ella, la detuvo y la dijo:
-Angy, no te vayas, si te vas tú, yo te acompaño.
-No Omar no, estoy hasta las narices de que siempre se haga lo que los demás quieren y nunca respeten a los otros.
-Angy, por ley, siempre se hace lo que la mayoría diga.
-Omar, yo me voy, no aguanto en esta mierda de casa ni un minuto más.
-Tía, vamos que no va a pasar nada, haz caso a Darío y mira el lado bueno de las cosas.
Seguidamente un unísono de palabras procedentes del último peldaño dijeron:
-Venga Ángela, que junto a nosotros te lo vas a pasar bien.
Finalmente, ésta aceptó y Omar la ayudo a subir las escaleras. Todos entraron en aquella terrible casa y de repente las puertas se cerraron.

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