CAPÍTULO
5
“Serás
el siguiente”
Darío cerró las puertas de la habitación de
Omar dando un portazo. Se sentó al lado de su amigo y le dio una palmadita en
la espalda.
-Venga tío. Tienes que animarte. Sabemos que
te encantaba Ángela, pero…
-Es que no puedo, es una puñetera injusticia.
¿Por qué a ella?
A continuación, Omar indignado dio un fuerte
golpe al edredón y al quitar la mano, Darío vió como su amigo empezó a chorrear
sangre.
-¡Mierda! Ahí había algo puntiagudo y se me
ha clavado. ¡No puedo mover la mano!
-¡Rápido! ¡Omar, quita la sábana y enróscatela
a la mano! ¡Enseguida vengo yo con hielos!
Apresuradamente y corriendo, Darío bajó a la
cocina, donde estaban Rocío y Antúan besándose y por su aspecto, parecía que
estaba empezando a subir demasiado la temperatura entre ellos dos.
Darío al entrar y ver aquella situación tan
desagradable para él, se disculpó ante ellos y les explicó lo que había pasado
minutos antes con Omar, éstos le comprendieron y decidieron abandonar la cocina
para que con tranquilidad y sin ver ninguna situación que a Darío le incomodara
pudiera coger los hielos y llevárselos a su amigo, sin necesidad de ponerse aún
más nervioso.
Darío abrió la nevera sin darse cuenta que
los hielos estaban en el congelador y acto seguido subió a la habitación de
Omar y al llegar allí, Omar le dijo que
en la nevera no había hielos. Omar sonrió y entre risas le dijo a Darío que el
hielo se encontraba en el congelador, no en la nevera. Darío se echó las manos
a la cabeza y volvió a bajar a la cocina a una velocidad enorme.
Cuando regresó a la cocina, no encontraba el
congelador. Sentía que alguien le estaba espiando, empezó a tener miedo,
demasiado. De repente se cayó un vaso.
-¡Ups! Perdona, no quería asustarte
Al caer el vaso, Darío se había asustado y le
había entrado el tembleque.
-Ro… Ro… ¿Rocío? ¿Tú no estabas antes, aquí
con Antúan dándote el lote?
-¡Exacto! Besándome. Hasta que ha venido
alguien… Recuero que su nombre era Darío… ¡Y nos ha cortado el rollito!-dijo
Rocío acercándose a Darío con una mirada amenazante.
Darío fue echándose para atrás, hasta que se dio con
el pico de la campanilla que había para echar al exterior los humos.
-Perdonadme, no era mi intención. Como os he
dicho antes Omar se ha clavado algo de la cama y no le paraba de salir sangre.
-El congelador está ahí-le dijo Rocío señalándole
arriba del frigorífico.
-¿Esto es un congelador? ¡Yo pensé que se
llamaba frigo!- dijo Darío que tenía una cara de asombro al descubrir que lo
que estaba incorporado encima del frigorífico se llamaba congelador.
-Sí, Omar, sí. Algunas veces, pienso como he
podido estar contigo, total siempre has sido el mismo idiota.
-Mira Rocío ¡Déjame en paz!
Darío cogió un par de hielos para su amigo e
hizo intención de salir porque antes de que lo hiciera, Rocío llamó su atención
con una pregunta.
-¿Te sigo gustando?
Darío sobresaltado, no quería ni contestar ni
darse la vuelta para que Rocío no sospechara nada de lo que él aún sentía.
Rocío le volvió a repetir la pregunta por si Darío no la había entendido o por
si no la había escuchado.
-Darío, ¿te sigo gustando?
Darío se vio obligado a darse la vuelta y por
lo menos contestar.
-Sí pero ya veo que a ti eso no te
importa.-la contestó éste dirigiéndose a ella con despecho.
Rocío no se esperaba que Darío fuese capaz de
responderla y menos que fuera tan directo y sincero. Se quedó sin palabras y
dejó que éste se fuera. Cuando la pobre chica reaccionó, fue corriendo hacia
las escaleras donde allí se encontraba Darío que iba a comenzar a subirlas.
-¡Espera!-dijo Rocío dirigiéndose a Darío.
El joven se dio la vuelta y mirándola la
dijo:
-¿Qué quieres? ¿Acaso no te ha quedado claro?
-No, no es eso. Quiero decirte que…
Sin que Darío se diera cuenta, Rocío le había
cogido la cabeza y había dirigido sus labios a los suyos,
Inmediatamente, Darío se alejó de Rocío y la
dijo:
-¿Pero tú de qué vas? ¡Déjame! ¡No quiero
tener problemas con el drogadicto de tu novio!
Darío se marchó y subió las escaleras más
deprisa de lo que lo había hecho antes, pero consiguió oír que Rocío le dijo:
-¡Tú a mi novio no le insultas! ¡Asqueroso!
Cuando Darío llegó a la habitación de Omar,
se le cayeron los hielos del asombró. Su gran amigo estaba tumbado en aquella
cama, desnudo, con los pies abiertos y las manos también, en la posición del
hombre universal de Da Vinci y lleno de sangre por todos los lados. Apenas podía
divisar a Omar, alguien había quitado todo el colchón y había introducido a su
amigo en aquellas punzantes cuchillas que estaban por toda la cama. Alguien había
matado a su amigo como lo hacían en la Edad Media, de la manera más horrible. Empezó
a vomitar, no fue capaz de reaccionar ante los nervios que tenía y casi al
borde de las escaleras cayó desmayado al suelo. Seguidamente, en apenas 30 segundos
llegó Rocío y al ver desmayado a Darío en el suelo pidió auxilio a voz limpia.
Enseguida Cleo y Helena se despertaron y acudieron al grito de Rocío. Cleo al
ver a Darío tirado en el suelo empezó a llorar desconsoladamente, las 3 creían
que Darío estaba muerto, pero éste abrió los ojos y volvió en sí.
Cleo, Rocío y Helena se alegraron de que
Darío se encontrara bien. Ninguna se había percatado de Omar hasta que Darío
les señaló la puerta de la habitación de Omar. Las tres accedieron a aquella
sala y cuando llegaron no había ni rastro del cuerpo de Omar. Indignadas,
fueron a decirle a Darío que las dijera porque las había mandado a la habitación
de Omar si allí no había nada, éste al escucharlas, las dijo:
-¿No hay nada? ¿Pero si acabo de estar yo
hace un momento y estaba Omar tumbado en su cama y su cuerpo estaba clavado en
las cuchillas que tenía la cama?
Cleo y las demás le miraron con cara de
sorpresa, ya que no habían visto nada de nada.
Darío insistió y acompañado de ellas fue a la
habitación de Omar donde se verifico lo que ellas decían.
La habitación de Omar estaba perfecta, con la
cama hecha y todo en orden.
Darío como un loco empezó a quitar las sábanas
para ver si tenían sangre, pero no encontró nada de sangre. También desnudó la
cama y no había rastro de cuchillas. Se llevó las manos a la cabeza y empezó a
gritar el nombre de su amigo, pero no obtuvo respuesta. Cleo intentó calmarle,
le sentó en la silla que había y con sus palabras le logró tranquilizar.
Cuando Darío estuvo un poco más tranquilo, les contó lo que él había visto
pero lógicamente ninguna de las 3 se creyó su historia.
Al ver que le estaban tomando por loco, las
preguntó:
-¿Me podéis decir donde esta Omar? ¿Por qué
no está aquí?
En eso los cuatro estaban de acuerdo, no había
ni rastro de Omar por toda la casa. Helena
notó un mal olor en el cuarto y decidió abrir la ventana.
Helena gritó.
Señaló por la ventana y Darío, Rocío y Cleo
fueron corriendo a mirar. Efectivamente, Omar estaba muerto, se encontraba en
una de las enormes piedras de aquel lago, su cuerpo estaba descuartizado.
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