jueves, 15 de enero de 2015

CAPÍTULO 5 DE "ENSÉÑAME A PENSAR"

CAPÍTULO 5
“Serás el siguiente”
Darío cerró las puertas de la habitación de Omar dando un portazo. Se sentó al lado de su amigo y le dio una palmadita en la espalda.
-Venga tío. Tienes que animarte. Sabemos que te encantaba Ángela, pero…
-Es que no puedo, es una puñetera injusticia. ¿Por qué a ella?
A continuación, Omar indignado dio un fuerte golpe al edredón y al quitar la mano, Darío vió como su amigo empezó a chorrear sangre.
-¡Mierda! Ahí había algo puntiagudo y se me ha clavado. ¡No puedo mover la mano!
-¡Rápido! ¡Omar, quita la sábana y enróscatela a la mano! ¡Enseguida vengo yo con hielos!
Apresuradamente y corriendo, Darío bajó a la cocina, donde estaban Rocío y Antúan besándose y por su aspecto, parecía que estaba empezando a subir demasiado la temperatura entre ellos dos.
Darío al entrar y ver aquella situación tan desagradable para él, se disculpó ante ellos y les explicó lo que había pasado minutos antes con Omar, éstos le comprendieron y decidieron abandonar la cocina para que con tranquilidad y sin ver ninguna situación que a Darío le incomodara pudiera coger los hielos y llevárselos a su amigo, sin necesidad de ponerse aún más nervioso.
Darío abrió la nevera sin darse cuenta que los hielos estaban en el congelador y acto seguido subió a la habitación de Omar y al llegar allí, Omar  le dijo que en la nevera no había hielos. Omar sonrió y entre risas le dijo a Darío que el hielo se encontraba en el congelador, no en la nevera. Darío se echó las manos a la cabeza y volvió a bajar a la cocina a una velocidad enorme.
Cuando regresó a la cocina, no encontraba el congelador. Sentía que alguien le estaba espiando, empezó a tener miedo, demasiado. De repente se cayó un vaso.
-¡Ups! Perdona, no quería asustarte
Al caer el vaso, Darío se había asustado y le había entrado el tembleque.
-Ro… Ro… ¿Rocío? ¿Tú no estabas antes, aquí con Antúan dándote el lote?
-¡Exacto! Besándome. Hasta que ha venido alguien… Recuero que su nombre era Darío… ¡Y nos ha cortado el rollito!-dijo Rocío acercándose a Darío con una mirada amenazante.
Darío  fue echándose para atrás, hasta que se dio con el pico de la campanilla que había para echar al exterior los humos.
-Perdonadme, no era mi intención. Como os he dicho antes Omar se ha clavado algo de la cama y no le paraba de salir sangre.
-El congelador está ahí-le dijo Rocío señalándole arriba del frigorífico.
-¿Esto es un congelador? ¡Yo pensé que se llamaba frigo!- dijo Darío que tenía una cara de asombro al descubrir que lo que estaba incorporado encima del frigorífico se llamaba congelador.
-Sí, Omar, sí. Algunas veces, pienso como he podido estar contigo, total siempre has sido el mismo idiota.
-Mira Rocío ¡Déjame en paz!
Darío cogió un par de hielos para su amigo e hizo intención de salir porque antes de que lo hiciera, Rocío llamó su atención con una pregunta.
-¿Te sigo gustando?
Darío sobresaltado, no quería ni contestar ni darse la vuelta para que Rocío no sospechara nada de lo que él aún sentía. Rocío le volvió a repetir la pregunta por si Darío no la había entendido o por si no la había escuchado.
-Darío, ¿te sigo gustando?
Darío se vio obligado a darse la vuelta y por lo menos contestar.
-Sí pero ya veo que a ti eso no te importa.-la contestó éste dirigiéndose a ella con despecho.
Rocío no se esperaba que Darío fuese capaz de responderla y menos que fuera tan directo y sincero. Se quedó sin palabras y dejó que éste se fuera. Cuando la pobre chica reaccionó, fue corriendo hacia las escaleras donde allí se encontraba Darío que iba a comenzar a subirlas.
-¡Espera!-dijo Rocío dirigiéndose a Darío.
El joven se dio la vuelta y mirándola la dijo:
-¿Qué quieres? ¿Acaso no te ha quedado claro?
-No, no es eso. Quiero decirte que…
Sin que Darío se diera cuenta, Rocío le había cogido la cabeza y había dirigido sus labios a los suyos,
Inmediatamente, Darío se alejó de Rocío y la dijo:
-¿Pero tú de qué vas? ¡Déjame! ¡No quiero tener problemas con el drogadicto de tu novio!
Darío se marchó y subió las escaleras más deprisa de lo que lo había hecho antes, pero consiguió oír que Rocío le dijo:
-¡Tú a mi novio no le insultas! ¡Asqueroso!
Cuando Darío llegó a la habitación de Omar, se le cayeron los hielos del asombró. Su gran amigo estaba tumbado en aquella cama, desnudo, con los pies abiertos y las manos también, en la posición del hombre universal de Da Vinci y lleno de sangre por todos los lados. Apenas podía divisar a Omar, alguien había quitado todo el colchón y había introducido a su amigo en aquellas punzantes cuchillas que estaban por toda la cama. Alguien había matado a su amigo como lo hacían en la Edad Media, de la manera más horrible. Empezó a vomitar, no fue capaz de reaccionar ante los nervios que tenía y casi al borde de las escaleras cayó desmayado al suelo. Seguidamente, en apenas 30 segundos llegó Rocío y al ver desmayado a Darío en el suelo pidió auxilio a voz limpia. Enseguida Cleo y Helena se despertaron y acudieron al grito de Rocío. Cleo al ver a Darío tirado en el suelo empezó a llorar desconsoladamente, las 3 creían que Darío estaba muerto, pero éste abrió los ojos y volvió en sí.
Cleo, Rocío y Helena se alegraron de que Darío se encontrara bien. Ninguna se había percatado de Omar hasta que Darío les señaló la puerta de la habitación de Omar. Las tres accedieron a aquella sala y cuando llegaron no había ni rastro del cuerpo de Omar. Indignadas, fueron a decirle a Darío que las dijera porque las había mandado a la habitación de Omar si allí no había nada, éste al escucharlas, las dijo:
-¿No hay nada? ¿Pero si acabo de estar yo hace un momento y estaba Omar tumbado en su cama y su cuerpo estaba clavado en las cuchillas que tenía la cama?
Cleo y las demás le miraron con cara de sorpresa, ya que no habían visto nada de nada.
Darío insistió y acompañado de ellas fue a la habitación de Omar donde se verifico lo que ellas decían.
La habitación de Omar estaba perfecta, con la cama hecha y todo en orden.
Darío como un loco empezó a quitar las sábanas para ver si tenían sangre, pero no encontró nada de sangre. También desnudó la cama y no había rastro de cuchillas. Se llevó las manos a la cabeza y empezó a gritar el nombre de su amigo, pero no obtuvo respuesta. Cleo intentó calmarle, le sentó en la silla que había y con sus palabras le logró tranquilizar.
Cuando Darío estuvo un poco  más tranquilo, les contó lo que él había visto pero lógicamente ninguna de las 3 se creyó su historia.
Al ver que le estaban tomando por loco, las preguntó:
-¿Me podéis decir donde esta Omar? ¿Por qué no está aquí?
En eso los cuatro estaban de acuerdo, no había ni rastro de Omar por toda la casa.  Helena notó un mal olor en el cuarto y decidió abrir la ventana.
Helena gritó.

Señaló por la ventana y Darío, Rocío y Cleo fueron corriendo a mirar. Efectivamente, Omar estaba muerto, se encontraba en una de las enormes piedras de aquel lago, su cuerpo estaba descuartizado. 

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