CAPÍTULO
3
“El
comienzo del fin”
Todos se acomodaron en sus habitaciones y
quedaron a las 8 y media para hacer la cena.
Omar cuando terminó de deshacer su maleta y
colocar la ropa en aquellos armarios a los que les faltaban trozos de madera y
no cerraban; decidió ir a ver a Ángela, para intentar hablar con ella y
tranquilizarla un poco.
Llamó a la puerta.
-¿Puedo pasar?
-¿Quién es?
Ángela contestó pero su voz no era la de
siempre, todo apuntaba a que había estado o estaba llorando.
-Soy yo, Omar. ¿Puedo entrar?
-Espera un momento, ahora te abro.
Desde la parte de fuera a la habitación de
Ángela, se oyó como se metió en el baño que cada habitación tenía y dio el
grifo. No tardo nada en abrir a Omar.
-Cierra, no quiero ver a ninguno de esos.
-Vale, tranquila.
Omar cerró la puerta y se sentaron en la cama
de aquella habitación.
Hacía muchísimo frío, y Ángela tenía la
ventana de la habitación abierta. Y Omar la preguntó:
-¿Por qué tienes la puerta abierta con el
frío que hace?
-Necesitaba darme un aire y tenía mucho
calor.
Omar se levantó y cerró la ventana.
-¿Qué te pasa Angy?
Omar pasó sus manos por la espalda de ésta y
posó su mano en la parte izquierda de su cintura.
-No puedo más. No aguanto a esta mierda de
grupo. Esta casa es una mierda y todo por culpa de Sara, os dije que sería
mejor la otra casa que aunque costara más no iba a ser como esta.
-Angy, tan poco esta casa es tan mala.
Cogió con sus dos manos y agarró los labios
de ésta, la dibujo una sonrisa en la cara.
-Esta sonrisa es la que tienes que tener
siempre, no tienes que enfadarte por todo. Va a ser solo un fin de semana y con
éstos ya verás que bien no lo pasamos.
Cuando Omar retiró sus manos, Ángela sonrió.
-No me sonrías así, que me pones nervioso.
Le agarró de la sudadera y le llamó Tonto.
Sin darse cuenta, los dos se pusieron a jugar
como niños pequeños, se pasaron todo el rato riendo, pegándose con los cojines.
-Bueno Angy, yo ya me voy que tengo que
ayudar en la cocina.
Cuando Omar estaba llegando a la puerta, ésta
le detuvo, le agarró del brazo derecho y le besó.
-Gracias Omar.
Omar se quedó en estado de shock y sin pensar
la respuesta, respondió con un Gracias.
Ésta sonrió y le ayudo a abrir la puerta.
-Haz una buena cena.
Ángela se quedó en su habitación y Omar con una
sonrisa de oreja a oreja bajo a la cocina.
En la cocina apenas había gente. Únicamente
estaba Darío, Cleo y Javier. Omar preguntó dónde se hallaba el resto y Cleo le
contestó que estaban en las habitaciones y que unos estaban dándole a lo de
siempre y los otros fumando en la última habitación.
-Bueno pues ajo y agua ¿no?-dijo éste
intentando hacer creer a los demás que no le importaba que ninguno del resto
colaboraran en la cena.
-Parece ser…-dijo Darío.
A Darío eso de que los demás no hubieran
bajado a cenar no le hizo ninguna gracia, pero Cleo le intentó calmar.
-Cómo alguno se queje de que a la comida la
falta algo… ¡Se come mis puños!
-Tranquilízate Darío. Luego, en la cena, les
llamamos la atención.
-Darío tiene razón, se podían dejar los besos
para cuando no estemos todos juntos y les pienso tirar los paquetes de tabaco a
la basura.-dijo Javier.
-Omar se te ve muy feliz, se ve que la charla
con Ángela te ha sentado bastante bien.- le dijo Cleo.
Omar se puso colorado y no contestó.
-Otro que también pincha hoy.-le dijo Javier
al mismo tiempo que le dio un golpecillo en la espalda.
-Dejadle al pobrecillo.-dijo Darío.
El tiempo en la cocina les dio para hablar un
buen rato de todos.
-¿Sabéis que Yoli no fuma? ¿Y que solo fuma
cuando está con Jorge?-dijo Cleo
-¿A no? Pues cualquiera lo diría.-la
respondió Javi.
-No Javi, no. Solamente fuma para pasar más
tiempo con Jorge.
-¡Menudo beso se han pegado hace un ratillo
en el hall! -dijo Darío.
-¿Enserio que se han besado?-preguntó Cleo.
-Entre jueguecito y jueguecito, como que no
quiere la cosa, Yoli le ha pegado un morreo que le ha dejado a Jorge sin
palabras.-la contestó Darío.
Hablaron de muchos temas más. Cuando por fin
la cena estaba lista, llamaron a todos los demás.
En menos que cantaba un gallo, ya estaban la
mayoría en la mesa de aquel salón
comedor que era antiquísimo pero de unas dimensiones impresionantes. La única
que no había bajado, fue Ángela. El único que la echó en falta fue Omar, los
demás no se acordaron de ella.
-¿Por qué no ha bajado todavía Angy?-preguntó
Omar.
-Es verdad, falta Angy.-respondieron todos
los demás.
Omar subió corriendo a llamarla. Cuando llegó
a la habitación de Ángela, ésta no le contestaba. Insistió e insistió y al ver
que no recibía ninguna respuesta, dio una patada a la puerta la tiró y al ver
aquello se llevó las manos a la cabeza.
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