martes, 6 de enero de 2015

Capítulo 3 de "Enséñame a pensar"

CAPÍTULO 3
“El comienzo del fin”
Todos se acomodaron en sus habitaciones y quedaron a las 8 y media para hacer la cena.
Omar cuando terminó de deshacer su maleta y colocar la ropa en aquellos armarios a los que les faltaban trozos de madera y no cerraban; decidió ir a ver a Ángela, para intentar hablar con ella y tranquilizarla un poco.
Llamó a  la puerta.
-¿Puedo pasar?
-¿Quién es?
Ángela contestó pero su voz no era la de siempre, todo apuntaba a que había estado o estaba llorando.
-Soy yo, Omar. ¿Puedo entrar?
-Espera un momento, ahora te abro.
Desde la parte de fuera a la habitación de Ángela, se oyó como se metió en el baño que cada habitación tenía y dio el grifo. No tardo nada en abrir a Omar.
-Cierra, no quiero ver a ninguno de esos.
-Vale, tranquila.
Omar cerró la puerta y se sentaron en la cama de aquella habitación.
Hacía muchísimo frío, y Ángela tenía la ventana de la habitación abierta. Y Omar la preguntó:
-¿Por qué tienes la puerta abierta con el frío que hace?
-Necesitaba darme un aire y tenía mucho calor.
Omar se levantó y cerró la ventana.
-¿Qué te pasa Angy?
Omar pasó sus manos por la espalda de ésta y posó su mano en la parte izquierda de su cintura.
-No puedo más. No aguanto a esta mierda de grupo. Esta casa es una mierda y todo por culpa de Sara, os dije que sería mejor la otra casa que aunque costara más no iba a ser como esta.
-Angy, tan poco esta casa es tan mala.
Cogió con sus dos manos y agarró los labios de ésta, la dibujo una sonrisa en la cara.
-Esta sonrisa es la que tienes que tener siempre, no tienes que enfadarte por todo. Va a ser solo un fin de semana y con éstos ya verás que bien no lo pasamos.
Cuando Omar retiró sus manos, Ángela sonrió.
-No me sonrías así, que me pones nervioso.
Le agarró de la sudadera y le llamó Tonto.
Sin darse cuenta, los dos se pusieron a jugar como niños pequeños, se pasaron todo el rato riendo, pegándose con los cojines.
-Bueno Angy, yo ya me voy que tengo que ayudar en la cocina.
Cuando Omar estaba llegando a la puerta, ésta le detuvo, le agarró del brazo derecho y le besó.
-Gracias Omar.
Omar se quedó en estado de shock y sin pensar la respuesta, respondió con un Gracias.
Ésta sonrió y le ayudo a abrir la puerta.
-Haz una buena cena.
Ángela se quedó en su habitación y Omar con una sonrisa de oreja a oreja bajo a la cocina.
En la cocina apenas había gente. Únicamente estaba Darío, Cleo y Javier. Omar preguntó dónde se hallaba el resto y Cleo le contestó que estaban en las habitaciones y que unos estaban dándole a lo de siempre y los otros fumando en la última habitación.
-Bueno pues ajo y agua ¿no?-dijo éste intentando hacer creer a los demás que no le importaba que ninguno del resto colaboraran en la cena.
-Parece ser…-dijo Darío.
A Darío eso de que los demás no hubieran bajado a cenar no le hizo ninguna gracia, pero Cleo le intentó calmar.
-Cómo alguno se queje de que a la comida la falta algo… ¡Se come mis puños!
-Tranquilízate Darío. Luego, en la cena, les llamamos la atención.
-Darío tiene razón, se podían dejar los besos para cuando no estemos todos juntos y les pienso tirar los paquetes de tabaco a la basura.-dijo Javier.
-Omar se te ve muy feliz, se ve que la charla con Ángela te ha sentado bastante bien.- le dijo Cleo.
Omar se puso colorado y no contestó.
-Otro que también pincha hoy.-le dijo Javier al mismo tiempo que le dio un golpecillo en la espalda.
-Dejadle al pobrecillo.-dijo Darío.
El tiempo en la cocina les dio para hablar un buen rato de todos.
-¿Sabéis que Yoli no fuma? ¿Y que solo fuma cuando está con Jorge?-dijo Cleo
-¿A no? Pues cualquiera lo diría.-la respondió Javi.
-No Javi, no. Solamente fuma para pasar más tiempo con Jorge.
-¡Menudo beso se han pegado hace un ratillo en el hall! -dijo Darío.
-¿Enserio que se han besado?-preguntó Cleo.
-Entre jueguecito y jueguecito, como que no quiere la cosa, Yoli le ha pegado un morreo que le ha dejado a Jorge sin palabras.-la contestó Darío.
Hablaron de muchos temas más. Cuando por fin la cena estaba lista, llamaron a todos los demás.
En menos que cantaba un gallo, ya estaban la mayoría  en la mesa de aquel salón comedor que era antiquísimo pero de unas dimensiones impresionantes. La única que no había bajado, fue Ángela. El único que la echó en falta fue Omar, los demás no se acordaron de ella.
-¿Por qué no ha bajado todavía Angy?-preguntó Omar.
-Es verdad, falta Angy.-respondieron todos los demás.

Omar subió corriendo a llamarla. Cuando llegó a la habitación de Ángela, ésta no le contestaba. Insistió e insistió y al ver que no recibía ninguna respuesta, dio una patada a la puerta la tiró y al ver aquello se llevó las manos a la cabeza.

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