martes, 20 de enero de 2015

CAPÍTULO 6 de ENSÉÑAME A PENSAR

CAPÍTULO 6
“¿Asesinato?”
Aunque todavía la versión de Darío era un poco increíble, poco a poco se fueron atando los últimos cabos que quedaban. Helena, Cleo, Rocío y Darío decidieron esperar al día siguiente para contar a sus amigos que ya eran otro menos. Las chicas estaban deseosas de contarlo pero Darío las puso diversas excusas porque él sabía que uno de los intrigantes de aquel grupo le había matado y muy seguramente la primera persona que menos le echara en falta sería el culpable. Los 4 se fueron a dormir y en unas horas amaneció.

Darío fue el primero en levantarse, quería ver la cara de todos y así averiguarlo. La siguiente fue Cleo que aprovechó la ocasión para charlar un rato a solas con Darío. Cleo, que su habitación estaba situada al lado de la de Darío,  al oír a Darío meterse a la ducha decidió levantarse rápidamente y aprovechar ese ratito con él, aunque solo fueran unos minutos. Sucedió tal y como Cleo deseaba. Cuando se aseguró de que Darío estaba ya en la parte de abajo, minutos después bajo ella. Darío estaba recién duchado y solamente llevaba puesto una toalla blanca a lo largo de la cintura.
-Buenos días Darío, ¿te veo muy fresco, no?
Se intercambiaron miradas y éste la sonrió y echó alguna que otra carcajada.
-Sí. No he podido conciliar el sueño y me apetecía darme una ducha antes de hacer frente a este día. Si te incomoda me voy enseguida a vestirme.
-¿A mí? Para nada. Así estás perfecto.
-Gracias Cleo,  ¡Ah! Buenos días.
Darío se acercó a Cleo y la dio un beso en la frente.
-Dicen que la espera merece la pena.
-Pues van a tener razón. Por qué no todos los días se despierta una con un beso en la frente.
Los ojos de ambos se cruzaron entre sí y en sus bocas se dibujaron sonrisas.
-¿Qué tal te encuentras?
-No lo sé. Omar y yo nos llevábamos tan bien, que me es un poco difícil no poder verle.
-Te he oído llorar toda la noche.
-La verdad es que no he parado de llorar. Ocurrió todo tan rápido y lo peor es que podía haberlo evitado de no ser por la idiota de Rocío.
-¿Rocío? ¿Qué hizo?
Darío se quedó en blanco, no sabía que contestar. Sabía perfectamente que diciéndola la verdad a Cleo, ésta lo pasaría mal porque conocía a la perfección los sentimientos que Cleo tenía por él.
-Em… Bajo a la cocina y me estuvo entreteniendo con sus cotilleos de siempre.
Cleo se acercó a Darío y le agarró de la parte de la cintura donde no había toalla.
-Bueno no pasa nada. Tú no te culpes por eso. Yo también creo que alguno de nosotros en un asesino.
Darío que estaba preparando huevos fritos para toda la panda, al notar las manos de Cleo sobre su piel, sintió un cosquilleo que le invadió por todo el cuerpo, giró su cabeza, dejo de mirar fijamente a la sartén, y quiso besarla, pero sabía que no podía engañarse a él mismo ni hacerla creer que podría haber algo entre ellos dos. No podía, Rocío todavía seguía en su cabeza.
-No seas tonto. Hazlo sin miedo.
-No, no es por eso.
-¿Entonces?
-No quiero que pienses que… podemos… llegar a algo. Porque no es así.
Cleo inmediatamente después de oír aquellas palabras tan duras y difíciles de entender para ella, se marchó sin decir nada.
A Darío se le quedó un sentimiento de culpa, y pensó que no debía ni haberlo intentado sabiendo que Cleo se moría por sus huesos.

Cleo con lágrimas es su claros ojos, subió deprisa y corriendo las escaleras y al llegar a su habitación, escuchó gritos procedentes de la habitación del fondo, la habitación de Helena y Diego. Se secó las lágrimas con su camisón, y apresuradamente y silenciosamente se acercó a la puerta de éstos dos y puso la oreja.
-Eres una sinvergüenza. ¿Cuándo pensabas decírmelo eh? ¿Cuándo?
-¡Para! ¡No me pegues por favor te lo pido! ¡Diego por favor!
A Cleo la entraron unas ganas tremendas de entrar y parar aquella fuerte pelea que estaban teniendo sus amigos, pero decidió escuchar un poco más y así averiguar el porqué de la pelea.
-De verdad, Diego, te lo pensaba decir en cuanto tuviera la ocasión.
-¿Cuándo? ¿Cuándo? ¡ZORRA! ¡Vete con él!
De repente se oyó un golpe en aquella habitación, Cleo se llevó las manos a la boca y no pudo intervenir porque oyó que unos pasos se acercaban a ella y echó a correr a su habitación. Cuando Helena salió, Cleo ya estaba en su cuarto.
Con muchos nervios, casi tiritando, Cleo se sentó en la silla que se encontraba al lado de su cama. Empezó a pensar en Helena y en Diego, con quién podía haberle engañado a Diego y quién había dado ese golpe. Sus pensamientos se disiparon en cuento llamaron a la puerta.
-¿Quién es?
-Soy yo, Darío. Sé que no es oportuno pero necesito hablar contigo.
-Espera, ahora abro la puerta.
Cleo se calmó un poco, se peinó un poco el pelo con sus manos, cogió las llaves y abrió a Darío.
-¿Qué quieres Darío? No me apetece verte, de verdad.
-Lo siento Cleo. Respecto a lo de antes no era mi intención besarte, pero soy un tío y enseguida me dejo llevar. No quiero que te confundas. Sé lo mucho que me quieres pero…
Cleo se llevó las uñas a la boca y comenzó a mordérselas.
-Ya lo sé… Se nota un montón que sigues por Rocío y que aunque yo quiera, entre nosotros dos no va a pasar nada…
Darío la abrazó.
-Lo siento Cleo. No puedo elegir de quien me enamoro, ni puedo controlar mis sentimientos. De veras… Discúlpame.
Una lágrima cayó por la mejilla de Cleo, que enseguida fue secada por las manos de Darío.
-Si quieres baja a desayunar, están ya casi todos en el comedor.
-Vale. Me visto y voy.
A las 12, todos se sentaron a desayunar.
Jorge se sentó al lado de Yoli, con la que estuvo tonteando todo el desayuno. Antúan estaba entre Helena y Rocío. Al lado de Rocío estaba Darío, al lado de éste Cleo y Javi entre Yoli y Cleo. Diego fue el  último en bajar. Cleo le observó todo el rato, pues quedaba una silla al lado de Helena y ella pensaba que no se sentaría, pero todo ocurrió justo al contrario. Diego se sentó al lado de su novia, intercambiaron sonrisas y posteriormente sus labios se juntaron.
Alucinando, Cleo, agachó la cabeza y empezó a comer los huevos que había en su plato. Ante la ausencia de Omar, Yoli fue la primera en preguntar.
-¿Y Omar, no va a bajar a desayunar?
-¿Es verdad?-dijeron Javier y Jorge al mismo tiempo.
Darío agachó la cabeza y en un tono muy bajito dijo:
-Omar ha muerto.
Las caras de asombro de todos los compañeros no tardaron en llegar.
-Sí, anoche le encontramos descuartizado en una de las orillas del lago-añadió Helena.
-¿Pudisteis salir?-dijo Jorge.
-No, es una larga historia que no nos apetece contar a ninguno.-dijo Rocío.
-¿Cómo? ¿Tú también lo sabías y no me habías dicho nada?-preguntó Antúan a su novia.
-Sí, cuando baje a por el vaso de agua. Me encontré a Darío en el suelo y nos contó que Omar estaba desnudo en su cama, pero que su cama estaba llena de cuchillas y que alguien había clavado su cuerpo allí. Lo raro fue que cuando nos dirigimos Cleo, Helena  y yo a la habitación de Omar todo estaba como si no hubiera pasado nada. Sin embargo, Helena abrió la ventana y entonces vimos la cabeza de Omar por un lado, el cuerpo por otro, los brazos por yo que sé dónde…
Entre sollozos Yoli preguntó que si era una broma, pero las caras de Cleo y Helena, lo decían todo. Ésta se tiró al suelo, se llevó las manos a los ojos y empezó a llorar descontroladamente. Instantáneamente Jorge la abrazó y la besó en la frente.
El único que no parecía muy sorprendido era Diego, que enseguida fue percatado por Darío.
-Diego, ¿no se te ve muy preocupado? ¿o me equivoco?
-¡Ya tengo bastante con lo mío!-contestó Diego con un tono grotesco.
-Ya… Pero ya van dos muertes, y todo parece llevarnos a un asesinato. Primero: no fue casualidad que Omar se encontrara en la habitación de Ángela un mensaje dirigiéndose hacia él y lo que es más grave, avisándole de su muerte. Muerte que por lo que vemos se ha llevado a cabo…-dijo Darío que acusaba a Diego de todo lo sucedido.
-¿Estás insinuando que soy un asesino?
A continuación Diego dio un golpe a la mesa, a la que rompió el cristal y entre portazos y portazos se fue a su habitación.

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