CAPÍTULO
6
“¿Asesinato?”
Aunque todavía la versión de Darío era un
poco increíble, poco a poco se fueron atando los últimos cabos que quedaban.
Helena, Cleo, Rocío y Darío decidieron esperar al día siguiente para contar a
sus amigos que ya eran otro menos. Las chicas estaban deseosas de contarlo pero
Darío las puso diversas excusas porque él sabía que uno de los intrigantes de
aquel grupo le había matado y muy seguramente la primera persona que menos le
echara en falta sería el culpable. Los 4 se fueron a dormir y en unas horas amaneció.
Darío fue el primero en levantarse, quería
ver la cara de todos y así averiguarlo. La siguiente fue Cleo que aprovechó la
ocasión para charlar un rato a solas con Darío. Cleo, que su habitación estaba
situada al lado de la de Darío, al oír a
Darío meterse a la ducha decidió levantarse rápidamente y aprovechar ese ratito con él, aunque solo fueran unos minutos. Sucedió tal y como Cleo deseaba.
Cuando se aseguró de que Darío estaba ya en la parte de abajo, minutos después
bajo ella. Darío estaba recién duchado y solamente llevaba puesto una toalla
blanca a lo largo de la cintura.
-Buenos días Darío, ¿te veo muy fresco, no?
Se intercambiaron miradas y éste la sonrió y
echó alguna que otra carcajada.
-Sí. No he podido conciliar el sueño y me
apetecía darme una ducha antes de hacer frente a este día. Si te incomoda me
voy enseguida a vestirme.
-¿A mí? Para nada. Así estás perfecto.
-Gracias Cleo, ¡Ah! Buenos días.
Darío se acercó a Cleo y la dio un beso en la
frente.
-Dicen que la espera merece la pena.
-Pues van a tener razón. Por qué no todos los
días se despierta una con un beso en la frente.
Los ojos de ambos se cruzaron entre sí y en
sus bocas se dibujaron sonrisas.
-¿Qué tal te encuentras?
-No lo sé. Omar y yo nos llevábamos tan bien,
que me es un poco difícil no poder verle.
-Te he oído llorar toda la noche.
-La verdad es que no he parado de llorar.
Ocurrió todo tan rápido y lo peor es que podía haberlo evitado de no ser por la
idiota de Rocío.
-¿Rocío? ¿Qué hizo?
Darío se quedó en blanco, no sabía que
contestar. Sabía perfectamente que diciéndola la verdad a Cleo, ésta lo pasaría
mal porque conocía a la perfección los sentimientos que Cleo tenía por él.
-Em… Bajo a la cocina y me estuvo
entreteniendo con sus cotilleos de siempre.
Cleo se acercó a Darío y le agarró de la
parte de la cintura donde no había toalla.
-Bueno no pasa nada. Tú no te culpes por eso.
Yo también creo que alguno de nosotros en un asesino.
Darío que estaba preparando huevos fritos
para toda la panda, al notar las manos de Cleo sobre su piel, sintió un
cosquilleo que le invadió por todo el cuerpo, giró su cabeza, dejo de mirar
fijamente a la sartén, y quiso besarla, pero sabía que no podía engañarse a él
mismo ni hacerla creer que podría haber algo entre ellos dos. No podía, Rocío
todavía seguía en su cabeza.
-No seas tonto. Hazlo sin miedo.
-No, no es por eso.
-¿Entonces?
-No quiero que pienses que… podemos… llegar a
algo. Porque no es así.
Cleo inmediatamente después de oír aquellas
palabras tan duras y difíciles de entender para ella, se marchó sin decir nada.
A Darío se le quedó un sentimiento de culpa,
y pensó que no debía ni haberlo intentado sabiendo que Cleo se moría por sus
huesos.
Cleo con lágrimas es su claros ojos, subió
deprisa y corriendo las escaleras y al llegar a su habitación, escuchó gritos
procedentes de la habitación del fondo, la habitación de Helena y Diego. Se
secó las lágrimas con su camisón, y apresuradamente y silenciosamente se acercó
a la puerta de éstos dos y puso la oreja.
-Eres una sinvergüenza. ¿Cuándo pensabas
decírmelo eh? ¿Cuándo?
-¡Para! ¡No me pegues por favor te lo pido!
¡Diego por favor!
A Cleo la entraron unas ganas tremendas de
entrar y parar aquella fuerte pelea que estaban teniendo sus amigos, pero
decidió escuchar un poco más y así averiguar el porqué de la pelea.
-De verdad, Diego, te lo pensaba decir en
cuanto tuviera la ocasión.
-¿Cuándo? ¿Cuándo? ¡ZORRA! ¡Vete con él!
De repente se oyó un golpe en aquella
habitación, Cleo se llevó las manos a la boca y no pudo intervenir porque oyó
que unos pasos se acercaban a ella y echó a correr a su habitación. Cuando
Helena salió, Cleo ya estaba en su cuarto.
Con muchos nervios, casi tiritando, Cleo se
sentó en la silla que se encontraba al lado de su cama. Empezó a pensar en
Helena y en Diego, con quién podía haberle engañado a Diego y quién había dado
ese golpe. Sus pensamientos se disiparon en cuento llamaron a la puerta.
-¿Quién es?
-Soy yo, Darío. Sé que no es oportuno pero
necesito hablar contigo.
-Espera, ahora abro la puerta.
Cleo se calmó un poco, se peinó un poco el
pelo con sus manos, cogió las llaves y abrió a Darío.
-¿Qué quieres Darío? No me apetece verte, de
verdad.
-Lo siento Cleo. Respecto a lo de antes no
era mi intención besarte, pero soy un tío y enseguida me dejo llevar. No quiero
que te confundas. Sé lo mucho que me quieres pero…
Cleo se llevó las uñas a la boca y comenzó a
mordérselas.
-Ya lo sé… Se nota un montón que sigues por
Rocío y que aunque yo quiera, entre nosotros dos no va a pasar nada…
Darío la abrazó.
-Lo siento Cleo. No puedo elegir de quien me
enamoro, ni puedo controlar mis sentimientos. De veras… Discúlpame.
Una lágrima cayó por la mejilla de Cleo, que
enseguida fue secada por las manos de Darío.
-Si quieres baja a desayunar, están ya casi
todos en el comedor.
-Vale. Me visto y voy.
A las 12, todos se sentaron a desayunar.
Jorge se sentó al lado de Yoli, con la que
estuvo tonteando todo el desayuno. Antúan estaba entre Helena y Rocío. Al lado
de Rocío estaba Darío, al lado de éste Cleo y Javi entre Yoli y Cleo. Diego fue
el último en bajar. Cleo le observó todo
el rato, pues quedaba una silla al lado de Helena y ella pensaba que no se
sentaría, pero todo ocurrió justo al contrario. Diego se sentó al lado de su
novia, intercambiaron sonrisas y posteriormente sus labios se juntaron.
Alucinando, Cleo, agachó la cabeza y empezó a
comer los huevos que había en su plato. Ante la ausencia de Omar, Yoli fue la
primera en preguntar.
-¿Y Omar, no va a bajar a desayunar?
-¿Es verdad?-dijeron Javier y Jorge al mismo
tiempo.
Darío agachó la cabeza y en un tono muy
bajito dijo:
-Omar ha muerto.
Las caras de asombro de todos los compañeros
no tardaron en llegar.
-Sí, anoche le encontramos descuartizado en
una de las orillas del lago-añadió Helena.
-¿Pudisteis salir?-dijo Jorge.
-No, es una larga historia que no nos apetece
contar a ninguno.-dijo Rocío.
-¿Cómo? ¿Tú también lo sabías y no me habías
dicho nada?-preguntó Antúan a su novia.
-Sí, cuando baje a por el vaso de agua. Me
encontré a Darío en el suelo y nos contó que Omar estaba desnudo en su cama,
pero que su cama estaba llena de cuchillas y que alguien había clavado su cuerpo
allí. Lo raro fue que cuando nos dirigimos Cleo, Helena y yo a la habitación de Omar todo estaba como
si no hubiera pasado nada. Sin embargo, Helena abrió la ventana y entonces
vimos la cabeza de Omar por un lado, el cuerpo por otro, los brazos por yo que
sé dónde…
Entre sollozos Yoli preguntó que si era una
broma, pero las caras de Cleo y Helena, lo decían todo. Ésta se tiró al suelo,
se llevó las manos a los ojos y empezó a llorar descontroladamente. Instantáneamente
Jorge la abrazó y la besó en la frente.
El único que no parecía muy sorprendido era
Diego, que enseguida fue percatado por Darío.
-Diego, ¿no se te ve muy preocupado? ¿o me
equivoco?
-¡Ya tengo bastante con lo mío!-contestó Diego
con un tono grotesco.
-Ya… Pero ya van dos muertes, y todo parece
llevarnos a un asesinato. Primero: no fue casualidad que Omar se encontrara en
la habitación de Ángela un mensaje dirigiéndose hacia él y lo que es más grave,
avisándole de su muerte. Muerte que por lo que vemos se ha llevado a cabo…-dijo
Darío que acusaba a Diego de todo lo sucedido.
-¿Estás insinuando que soy un asesino?
A
continuación Diego dio un golpe a la mesa, a la que rompió el cristal y entre
portazos y portazos se fue a su habitación.
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