CAPÍTULO
4
“Enséñame
a pensar”
Omar, del susto, gritó. Todos y cada uno del
resto del grupo acudieron instantáneamente a ver lo que había ocurrido. Todas
las caras de los compañeros fueron idénticas a la de Omar. Efectivamente, el
cuerpo de Ángela estaba allí tirado en el suelo de la habitación que ella había
elegido, a su alrededor había un charco de sangre. Omar se acercó lentamente
hasta donde se hallaba el cuerpo de Ángela. Se agachó hacia donde Ángela se
encontraba, la cogió la mano, la tomó el pulso.
-¡Está con vida! ¡Llamad corriendo a una
ambulancia!
-Omar, no podemos. No funciona ningún aparato
móvil.-dijo Yoli que al igual que muchos de los demás estaba llorando.
-Joder… Angy se está muriendo y ¿no pensáis
hacer nada?
Omar estaba muy cabreado, veía como Angy no
volvería a sonreírle.
-¿Qué hacemos?-gritó muy fuerte éste.
Por unos instantes los ojos de Ángela se
abrieron y Omar a provechó para preguntarla si se encontraba bien y qué la
había pasado.
Ángela sin fuerzas para hablar le dijo:
-Gracias Omar, contigo valía la pena ser
feliz.
Las lágrimas de Omar no cesaban de correr por
sus suaves mejillas.
-No puedes irte Angy, no puedes.-repetía una
y otra vez aquel joven chico dolido.
Las últimas palabras que Angy le dijo a Omar
fueron:
-Omar, me enseñaste a pensar cuando menos
sabía, y pensaba mientras me enseñabas. Te quiero. No lo olvides. Enséñame a
pensar.
Sus labios y su boca se cerraron para
siempre. Angy se fue, para siempre. La muerte se apoderó de su corazón y se
llevó su alma.
Omar, destrozado, empezó a gritar repitiendo
siempre las mismas palabras: Por qué Dios, por qué. Agarró el cuerpo sin vida
de su Angy y se posó sobre su corazón y mirando a sus compañeros dijo:
-No funciona, su corazón ya no late.
Muchos de ellos, mayoritariamente los chicos,
se acercaron a él para consolarle; los demás decidieron llorar por su cuenta:
unos se quedaron a los pies del cuerpo de su amiga y otros se encerraron en sus
habitaciones y empezaron a dar golpes. Aquella noche fue demasiado larga para
todos aquellos, las horas no terminaban parecía que el reloj se había parado.
Todos se pusieron de acuerdo para bajar al salón de aquella casa y pasar la
aquella noche tan dura alrededor de la chimenea. El silencio acompañado de los
llantos ocuparon gran parte de la noche.
Aquel silencio del que os hablaba se acabó
cuando Javi, hizo aquella pregunta que hizo de esa noche aún más horrible.
-¿Creéis que se ha suicidado?
Omar se abalanzó inmediatamente sobre Javier
y le empezó a pegar.
-¡No vuelvas a decir eso, imbécil! ¿Me has
oído?
-Darío y Antúan fueron corriendo a separarles
porque Javier también empezó a pegarle.
-¡PARAD!-dijo Yoli.
-Parecéis tontos. No sabemos lo que la ha
pasado, y Omar, es normal que Javi se haga esa pregunta. Todos nos la estamos
haciendo.-dijo Helena que era la menos afectada por la situación porque con
Ángela no se llevaba bien.
-Yo paso… Me marcho a mi cuarto. Panda de sinvergüenzas.-dijo Omar.
Cleo le intentó detener pero aconsejada por
Jorge, no le insistió.
Omar subió lentamente cada escalón de aquella
interminable escalera y antes de llegar a su habitación, pasó por la habitación
donde todavía se encontraba el cuerpo de Angy. Entró, se tumbó en la cama de allí,
cerró los ojos y empezó a recordar la tarde tan bonita que había pasado junto a
ella, aquel besó que le dio… Era inevitable que Omar no pudiera llorar, lo
hacía sin parar. Cuando abrió los ojos, miró hacia el techo. En el techo había
un mensaje, no muy bonito, y estaba escrito con sangre. Se podía leer:
“Serás el siguiente”
El chico, al ver aquello, se levantó
corriendo de la cama y a la velocidad de la luz llegó al salón donde todos
estaban. Algunos ya se habían quedado dormidos y se despertaron.
Omar sin apenas aliento, alertó a todos ellos
de la situación.
-Angy no se ha suicidado. ¡La han matado!
-¿Quieres dejar de decir payasadas?-dijo
Diego que se había despertado y estaba de mal humor.
-No son payasadas, es la verdad. Acabo de
entrar en su cuarto y…
-¿Y qué?-preguntó Helena.
-En el techo está escrito con sangre que yo
voy a ser el siguiente en morir.
Al oír aquella frase todos se levantaron del
asombro.
-Omar, ¿estás oyendo lo que estás
diciendo?-dijo Cleo que estaba un poco indignada con las palabras de éste.
-Cleo, tiene razón ¡Eso qué has dicho es muy
fuerte!-dijo Darío, que al terminar esta oración Cleo le se puso colorada como
un tomate al ver que éste la daba la razón.
-¿Es que no me creéis?-dijo Omar un poco
cabreado.
-Yo sí que le creo- dijo Antúan
-Yo también-dijo Rocío.
-Venid todos y comprobáis lo que yo os he
dicho-añadió Omar y señaló a las escaleras.
Los once se dirigieron hacia la habitación de
Ángela. Rocío nerviosa, agarró fuerte a Antúan y vio como Darío le echó “un mal
de ojo”. Al llegar a aquella habitación, ninguno de los once, incluido Omar,
que aunque ya lo había visto seguía impresionado, ninguno daba crédito a lo que
estaban viendo sus ojos. Como bien había dicho Omar minutos antes, en el techo
de ese cuarto se podía leer claramente:
“Serás
el siguiente”
Todos se miraron, desde aquel momento ya ninguno
de ellos confiaba en nadie de los de alrededor.
-¿Quién de nosotros ha matado a Ángela y ha
puesto eso en el techo?-gritó Yoli que estaba cabreadísima.
-Eso, o que alguien nos quiere matar-añadió
Darío.
-¿Estamos tontos, o qué nos pasa, de verdad?
Cómo pensáis que alguien nos quiere asesinar o que uno de nosotros somos un
asesino.-dijo Sara que no se creía nada de lo que sus ojos veían.
-No sé, pero aquí algo está muy claro. Angy
ha sido asesinada.-dijo Omar.
-¡Tú estás pirao! ¿Cómo puedes decir eso? A Ángela
lo que la pasa es que no soportaba más la vida y se ha quitado ella misma la
vida. ¡No ves que se ha cortado las venas!-dijo Antúan insinuando a Omar que Ángela
se había quitado la vida.
Cuando Antúan terminó sus palabras, Omar le
enganchó de la camiseta y le acercó a la pared.
-¡No vuelvas a decir eso! ¿Me oyes, imbécil? Angy no se ha suicidado. ¡La han matado!
Mientras Darío se reía de aquella situación,
Rocío acudió a separar a los dos hombres que por poco llegan a las manos.
-¡Basta!
Inmediatamente Omar y Antúan se separaron.
Omar a buen paso, se acercó donde dejaron a
Ángela y la cogió una mano.
-Sí, todo apunta a un suicidio. Pero cuando
vine yo no había ni rastro de cuchillos, ni de cristales, ni de ningún objeto
con el que se hubiera podido cortar. Y busqué por toda la habitación.-dijo
Omar.
-Quizás Omar tenga razón y… no sea un
suicidio…-dijo muy dubitativa Helena.
-¡Estoy convencidísimo de que la han matado!
Angy nunca haría nada de eso.-dijo Omar que después de decir estas palabras se
marchó corriendo a llorar a su cuarto.
Diego pronunció las últimas palabras de la
noche y seguidamente todos se fueron a dormir, excepto Darío que fue a la habitación
de Omar a consolarle. El día siguiente fue aún peor.
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