domingo, 4 de enero de 2015

CAPÍTULO 2 de ENSÉÑAME A PENSAR

CAPÍTULO 2
“Sombras”
Cuando entró el último integrante de la pandilla aquel portón se cerró. Darío y Antúan retrocedieron dispuestos a intentar abrirla.
Aunque pareciera que todos se llevaban muy bien, ellos dos no se caían bien, se notaba un montón; todo era por culpa de ella, de Rocío. Darío en el pasado estuvo saliendo con ella, hasta que Antúan llegó y enamoró a ésta. Según cuentan por las calles de por aquí cerca, el pobre Darío un día quedó para contarle a Rocío, que por entonces era su novia, que su hermana había fallecido en un accidente de tráfico y cuando llegó al acueducto éste vio besarse a Rocío y Antúan, y desde entonces no se habla con ninguno de los dos; pero se le ve a la legua que sigue pillado por Rocío.
Primero empujaron de los agarraderos de la puerta con todas sus fuerzas y comprobaron que ésta no se abría; seguidamente, decidieron dar patadas y seguir empujando, pero nada. Después, Yoli introdujo la llave en la cerradura, pero ni siquiera la llave giraba.
De repente, Cleo se desmayó. Estuvieron bastante tiempo intentando reanimarla, hasta que por fin despertó. Al despertarse dijo:
-¡Lo he visto y no estoy loca!
-¿Cleo se puede saber, ¿qué es lo que has visto?-preguntó Helena.
-Pero ¿cómo puede ser posible que nadie más las haya visto?
-¿Cuál? ¿De qué hablas Cleo?-preguntó Diego.
-¡Será posible! ¡He visto una sombra de un ser humano y estaba enfrente de aquella sala!
Cleo señaló hacía la puerta que se encontraba debajo de las escaleras de aquella mansión.
Posteriormente a las palabras de Cleo, las chicas y Javier se quedaron agarrándose las manos los unos a los otros y los chicos se dirigieron a aquella puerta tan chiquitita que parecía como la despensa.  Antúan como siempre, fue el valiente en abrir aquella puerta, al abrirla las chicas y algunos de los chicos gritaron.
-¿Sois imbéciles?
Gritó Antúan que del susto, él también se había asustado.
-¿No veis que no hay nada más que comida?
-¿Comida?-preguntó Jorge.
-Sí, comida sí.-respondió Antúan que llevaba un cabreo encima que era insoportable.
-¿Se supone que esto es una casa abandonada que solo los tontos pagan por venir a ella ,no?-dijo Ángela que estaba muerta de miedo.
-Tonta quién yo te diga, listilla.-la respondió Jorge.
-¡Parad ya! Estáis todo el rato discutiendo, Ángela yo creo que se refería a que la comida es reciente y que la misma persona que nos alquiló por Internet la casa, nos ha dejado comida para este fin de semana.-dijo Darío, intentando cortar el mal rollo que se respiraba en ese ambiente.
-A eso me refería, de verdad es que con vosotros no se puede ni hablar.
Ángela cogió su maleta, subió las escaleras, se acomodó en una de las 18 habitaciones que había en la parte de arriba y dio un portazo.
Omar quiso ir a ver que la pasaba, pero su compañero Javier le detuvo, diciéndole que ya se la pasaría que no iba a aguantar ni una hora enfadada.
Por un momento se respiró un minuto de silencio, hasta que Yoli vio otra sombra.
Yoli empezó a chillar a correr por todo el hall, repitiendo una y otra vez que había visto una sombre de una persona que no se encontraba en la sala.
Todos se reían, y ella seguía corriendo y gritando hasta que Jorge la agarró de la mano y la dijo:
-¿Ves si quito la mano ya no hay sombra?
-¡Serás imbécil! ¡Suéltame!
-¡Creo que la única imbécil de aquí, y lo hemos podido comprobar todos eres tú!
A Jorge siempre le gustaba hacer bromas a Yoli, estaba loquísimo por ella, tanto que en medio de aquella situación sus dos cabezas se separaban por centímetros y mientras empezaban a insultarse de forma cariñosa, los demás cogieron sus maletas y se fueron acomodando en las habitaciones de la sala de arriba. Les dejaron solitos, y éste aprovechó la situación:
-¡La loca loquísima ha visto una sombra!
-¡Eres idiota! ¡He dicho que me suelte!
-¡No sin antes besarte!
La plantó un beso en todos los morros, que aunque Yoli se separó rápidamente y le dio un bofetón que le dejo todas sus manos marcadas en la cara del pobre chico, estaba clarísimo que a ella la había gustado.
-¿Pero tú que te has creído para besarme sin mi permiso?
-Reconócelo Yoli, te morías por hacerlo tú también.
-¡Tú eres un puto flipado! ¿Yo morirme por tus asquerosos labios? ¡Qué sepas que besas fatal! Y una cosa más ¡ahora te va a tocar hacer la maleta de nuevo!
A continuación, Yoli abrió la maleta de Jorge y empezó a sacarle toda la ropa y esparcirla por el hall. Jorge no se quedó quieto y cogió la maleta de ésta y siguió sus mismos pasos. Yoli al ver que Jorge estaba haciendo lo mismo que ella, dejó de sacar más ropa y como una bala, se abalanzo sobre la espalda de Jorge.
-¡Qué dejes de hurgar en mi ropa! ¡Payaso!
-¡Pero si has empezado tú!
-¡No haberme besado!
-¡Yo beso a quién me da la gana!
-¡Pues cómo yo! ¡Y tú me has robado un beso!
-Creo que no… Creo que te ha encantado.
-Serás…
Sus cuerpos se volvieron a juntar en aquel hall, al igual que lo hicieron sus caras, esta vez fue Yoli quién besó a Jorge.
Diego, Darío, Helena y Javier, se quedaron al final de las escaleras y cuando vieron aquel besó empezaron a silbar y a decir en alto:
-¡Eso es amor y lo demás son tonterías!
Yoli y Jorge se pusieron rojos y seguidamente se levantaron y recogieron sus maletas. Ésta al levantarse se hizo su coleta que estaba totalmente destrozada de tanto revolcarse por el suelo y Jorge muerto de la vergüenza se levantó y cogió su maleta, cuando pasó por dónde estaban los chicos le empezaron a dar golpecitos en la espalda y le decían:
-Venga que quién la sigue la consigue.
Él sonreía y agachaba la cabeza.
Cuando subió Yoli, la situación fue la misma, lo que pasa que ésta empezó a decirles:
-¡Idiotas! ¡Dejadme respirar!

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