lunes, 29 de diciembre de 2014

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡FINAL DE MI PRIMERA NOVELA!!!!!!!!!!

CAPÍTULO VII: La clave está en dejarse llevar.
Eran ya las 7 de la mañana cuando abrí los ojos; mire al otro lado de la cama, pero Hugo ya no estaba; llegué a pensar que todo había sido un sueño y que todo formaba parte de mi imaginación, pero al levantar la almohada, debajo de esta había una nota que decía:
-La clave está en dejarse llevar. Feliz Navidad Aza. Y quiero que vuelvas a hacer pedazos este colchón o cualquier otro junto a mí, pero me tengo que ir. Disfruta de este día con tus hijos y mañana Dios dirá.
Cogí aquella notita y la abracé con mucha fuerza y se me dibujó una sonrisa en la cara.
Me levanté de aquella cama llena de polvo y me dirigí a vestirme a mi cuarto.
Ya eran casi las 8 de la mañana y tenía que preparar el desayuno a los niños, porque seguramente no tardarían nada en bajar y ver que les había traído Papa Noel.
Cuando bajé al salón, en aquel árbol de Navidad había muchísimos regalos, pero ni me paré a ver que eran.
-Parece ser que los niños se han portado bastante bien.-pensé yo.
Hoy estaba muy contenta y estaba dispuesta a hacer chocolate con churros, de camino a la cocina sobre mi nariz pasó un olor muy dulce, aquel olor era muy semejante a las galletas que comimos ayer por la noche. Cuando llegué a la cocina, vi encima de la mesa unas tazas de chocolate y en el centro galletas como las de ayer, pero hoy el mensaje era distinto. Hoy se podía leer juntando todas las letras de esas galletas:
ENSEÑAMÉ A OLVIDARME DE PENSAR.
Debajo de cada taza de chocolate ponía el nombre de su “dueño”, en la mía no solamente ponía mi nombre, en el lado de atrás había dibujado un corazón y en su interior ponía:
“Tú y yo, próximamente…”
La cogí y lo leí, seguidamente se me dibujo una sonrisa y me puse a pensar en él.
Desayuné y regresé de nuevo a mi habitación a ponerme algo de ropa porque estaba en sujetador y bragas. Al llegar vi la foto de Iker, había sucedido todo tan rápido, demasiado diría yo. La cogí y la abracé fuerte; releí su carta y me di cuenta que una de sus frases fue:
“Sé feliz y no cierres las puertas a nada”
Lo dejé todo en la cómoda y me tumbé en la cama, miré fijamente al techo y dije en voz alta:
-Iker, tú que me conoces, ¿crees que lo estoy haciendo bien? ¿O quizás voy demasiado deprisa?
-Por un momento, creí escuchar su voz. Tomadme por loca pero la escuché y me dijo:
-Es tu momento, sé feliz, te lo mereces.
Sonreí y cogí de nuevo su foto, Le dí un beso en su bonita cara y le dije:
-Gracias por todo.
De repente llamaron a la puerta. Eran los niños venían a “despertarme” para que les acompañara a abrir sus regalos.
-Mamá, mamá corre vamos a abrir los regalos.-me dijo Héctor.
Ver su cara de felicidad en este día no tenía precio.
-Antes he bajado y no he visto nada.-les mentí.
-¿Enserio?.-dijo con cara de preocupado Samuel.
-¡Mira que sois tontos! Corred que hay un montón de regalos.
Me agarraron del brazo  y corriendo bajaron las escaleras y me llevaron al pie del árbol de Navidad. Empezaron a abrir sus regalos.
-Toma, lo que quería. ¡El barco de los playmobil!.-dijo Samuel.
-Mira Mamá, me han traído la mansión secreta de Spiderman.-dijo Héctor.
-¡Ala chicos que suerte!
-Mamá, ¿esto tan pequeño qué es?.- me preguntaron los dos a la vez.
-No sé… por la pinta que tiene, parecen ser cartas.
-Jobar, no hemos pedido cartas…
-Pues entonces yo que sé.- les sonreí, yo sabía perfectamente lo que era y estaba segurísima que les iba a encantar.
Cuando lo abrieron empezaron a correr por todo el salón y por parte de la cocina.
-¡TOMA YA!-gritaban al mismo tiempo que corrían.
-Mamá, ¡son las entradas para el partido del 7 de diciembre del Atleti!-dijo Samuel
-¡Y encima es en el Vicente Calderón!.-añadió Héctor.
-¡Anda qué suerte!-les dije yo un poco impresionada porque pensé que serían unos cromos de los Bakughan o como se diga eso.
De repente, sonó el Whatsapp de mi móvil. Era un mensaje de Hugo que decía:
-Aunque yo soy madridista, nos vamos el 7 a ver el partido al Calderón, tengo también tu entrada y la mía.
Le contesté diciéndole que si todo eso de las entradas había sido idea suya. Y en unos instantes ya me había respondido con un:
-¿Idea mía? ¡Díselo a Papa Noel!
Al lado de aquel mensaje también había un emoticono que representaba una cara con un guiño.
Seguidamente le escribí otro emoticono con una lengua afuera y le dije:
-No tenías que haberte molestado en comprar nada a los niños.
Hugo me contestó con:
-No ha sido cosa mía, habrá sido cosa de Papá Noel, pesada. ¿Es que ya no crees en la magia navideña?
Yo le seguí el rollo y le dije:
-Antes no, ahora sí. J
Mientras los niños continuaban abriendo los regalos, seguimos hablando por el móvil.
-¿Y ese cambio de opinión?
-Quizás haya aprendido que lo mejor es dejarse llevar.
Me mandó una carita sonriente.
-Y por cierto, gracias por lo del desayuno.
Me envió el último mensaje y se debió de desconectar. Este fue su último mensaje:
-Tú y yo, próximamente.
Yo le contesté con un emoticono de una carita con ojos de corazones y me fui a ver a los niños terminar de abrir sus regalos.
-Mamá, Papá Noel te ha dejado un regalo.-me dijo Samuel.
-¿A mí?
-Sí Mamá, ahí pone: Para Azahara-me dijo Héctor
-¡Anda, es verdad! A ver, a ver. Comencé a abrir mi regalo.
Terminé de abrirlo, “Papá Noel” me había regalado dos libros de Federico Moccia, de mi autor favorito y justamente los dos que me quedaban: “Perdona si te llamo amor” y “Esta noche dime que me quieres”.
Sabía perfectamente que todo había sido obra de Hugo y le llamé.
-¿Sí?, ¿dígame?.
-Hugo, tú eres tonto, ¡no tenías que comparme nada!
-Azahara, ¿todavía sigues con lo mismo?
-Esta bien, ha sido Papa Noel.
-Muy bien, así me gusta.
-Oye… No me tomes por tonta.
-¿Yo? ¿Tonta tú? No eres tonta, estás muy tonta.
- Y tu eres un idiota.
Y así una serie de insultos pero en modo cariñoso y con risas.
-Aza…
-Hugo…
-Te quiero.
Con aquel “te quiero” me quedé muda. No sabía que contestarle y le dije:
-Te quiero…
Y para cortar el silencio que se quedó en aquel momento le dije:
-Hugo ¿por qué no te vienes luego a comer?
-Aza, ya causé demasiadas molestias ayer, hoy es un día para que disfrutes con los niños.
-Anda, por fa. También quiero disfrutadlo contigo y estoy seguro de que los niños estarán encantados de que vengas. Y a tu lado me siento más feliz.
-Y yo también Azahara. Pero creo que ya lo de ayer fue suficiente.
-Te quiero aquí a mi lado, por lo menos hoy.
-Mira voy a ir porque me muero de ganas de abrazarte, por cierto ¿te puedo llamar Azi?
-Venga ya estás tardando. Llámame como te dé la gana, como si me quieres llamar morena, o jefa, como tú quieras.
-Vale.-se rió
-Hasta ahora.
Y colgué. Les di a los niños el desayuno, estaban tan contentos y deseando de jugar con los juguetes que se le terminaron en un visto y no visto.
En menos que cantaba un gallo, Hugo ya estaba en mi casa, al llegar me besó y seguidamente fue corriendo a saludar a los niños, jugamos con ellos durante todo el día.  Desde aquel día y hasta el día de hoy Hugo sigue viviendo con nosotros. El día 7 de diciembre fuimos a ver el partido Atlético-Real Madrid al Vicente Calderón y no veáis lo enrabietados que salieron los niños porque el Atleti perdió 0 a 2. Hugo se pasó todos los días siguientes haciéndolos rabiar diciéndoles lo muy torpe que era Koke, yo me moría de amor con ellos. El año siguiente fue uno de los mejores de mi vida.
 Hoy, día 13 de junio he decidido escribir este libro, para que todos aquellos que no creéis en la Navidad o que no os gusta por algún motivo, le empecéis a buscar algún sentido, porque realmente la Navidad es algo mágico.
En esta vida, nacimos para ser felices; pero muchas veces en nuestro camino nos encontramos numerosos obstáculos que nos dificultan el paso; pero no os preocupéis algún día echaréis la cabeza atrás y diréis: lo superé. Andamos en un camino donde nunca sabes lo que te puedes encontrar, ni lo que te puede suceder. No intentes buscar el porqué de los sueños, pues no le encontrarás, tampoco busques el porqué de la vida, pues nunca lo averiguarás; solamente, sé tú, que los de tu alrededor vean siempre esa sonrisa con la que te despiertas cada mañana y que si alguna vez te encuentras triste, no temas, una sonrisa estará a punto de chocar contigo. Y si esa sonrisa nunca llega, refúgiate en ti, en lo que te gusta y en lo que te hace feliz y recuerda que NADIE DIJO QUE FUESE FÁCIL.
Yo hoy miro atrás y no me arrepiento absolutamente de nada, porque aquellas piedras que la vida puso en mi camino, las superé con dolor y mucho sufrimiento, pero al mirar hacia atrás me siento orgullosa de poder haberlas borrado. Sed felices porque es algo muy importante y lo más bonito es dejarse llevar. No tengas miedo, puede que el Miedo no siempre sea tan malo. Siempre tienes que arriesgar, porque podrás ganar y si aun arriesgando pierdes, tendrás la conciencia tranquila porque lo has intentado.
No intentes llamar demasiado la atención porque eso agobia a los fuertes y enriquece a los débiles.
Nunca actúes porque los demás te lo han dicho, si no es el momento no lo es, tú mism@ tienes que decir cuándo y dónde es el momento.
Ni despacio ni corriendo, cuando llegue, llegará.
Y para finalizar, a todos aquellos que la Navidad la pasáis solos o tristes o sinceramente ni la celebráis; solo un consejo:
“Quizás no te guste la Navidad, pero deja que esa magia te ilumine y puedas conseguir tus sueños porque en Navidad:

Nútrete de sueños
Ama lo que haces
Vive como si no hubiera un mañana
Ilusiónate con las pequeñas cosas
Desea la paz para los demás
Abraza a la vida
Déjate llevar”
Antes de finalizar, os tengo que contar una anécdota:
El día 28 de diciembre Hugo y yo gastamos una inocentada a mis padres diciéndoles que estaba embarazada. Se lo tragaron, pero luego se quedaron desilusionados, y quién me iba a decir que desde diciembre llevo a una preciosa niña en mi vientre.




  FIN

domingo, 28 de diciembre de 2014

¡¡¡¡PENÚLTIMO CAPÍTULO DE MI NOVELA!!!!! CAPÍTULO 6. Hoy a las 4 de la tarde el final...

CAPÍTULO VI: Háblame bajito y grítame al oído.
Unos instantes después de aquella incómoda situación, cuando nuestros labios se separaron; Hugo giró la cabeza y en bajito se disculpó.
-Lo siento Azahara, no era mi intención.
Le agarré de la barbilla, le  giré la cabeza para que me mirara a mí y le dije con tono de niña pequeña:
-Tonto, no tienes que pedir disculpas; ha sido muy bonito, por lo menos para mí.
-Ya… y para mí… Pero ahora me siento mal. He entrado en tu casa de repente, estabas triste por tu marido y ahora pues eso…
Le puse el dedo en los labios  y le dije:
-Tssss. Calla, no hables más, me dijiste que me dejara llevar y así lo he hecho.
Seguidamente le besé. La primera vez que se separaron nuestros labios me dijo:
-Dime que esto es un sueño, dime que no es real.
Le llevé de nuevo el dedo en los labios.
-Tú mismo has dicho, que no soñamos para nada, que cada sueño tiene un porqué y quizás esto tenga un porqué.
Nos dimos la  mano y seguimos besándonos. Entre besos nos decíamos cosas muy bonitas.
-A veces es necesario cerrar capítulos de nuestra vida y empezar a escribir nuevas historias.-le dije yo.
-¿Se podría decir que esto es una nueva historia?-sonrió.
-Cómo tu veas, ¿quieres ser mi nueva historia o simplemente quieres ser uno de esos capítulos tan aburridos?
-Pues no, no quiero ser ninguna de las dos cosas.
-¿Entonces por qué me besas?
-Porque quiero ser TU HISTORIA.
Sonreí, sonrió y nos seguimos besando. Era un no parar, fue tan bonito, el fuego a nuestro alrededor, el silencio, la oscuridad. Había vuelto a sentir aquello que desde hace años no sentía por nadie, sí, esa palabrita tan absurda pero que a la vez es tan grande: AMOR.
De repente sonó el reloj de péndulo, ya eran las 2 de la madrugada, se nos había pasado el tiempo volando. 
-Bueno… Creo que ya es hora de acostarnos ¿no? Porque Papá Noel estará a punto de llegar.-dije yo en un tono un poco mimosa.
-Parece ser que sí…
-Bueno Hugo, la habitación de invitados está al final del pasillo de la parte de arriba.
-Sí, claro, sé dónde está, los niños… me la… enseñaron antes.
Hugo estaba nerviosísimo parecía que me había conocido en ese mismo momento.
-Por cierto Azahara, ¿no tendrás un pijama o unos calzoncillos que dejarme? Ya sabes… los míos les tengo calados y la cosilla al aire libre en pleno in…vierno pues… coge frío.
Me eche unas 4 carcajadas y el me miró con una cara de “no encuentro por ninguna parte la gracia”.
-Solo tengo un pijama mío, pero es rosa…
-Perfecto no pasa nada. 
-Vale pues ahora te le llevó.
Fuimos a la habitación de invitados, que por cierto, tenía mucho polvo y las sábanas eran del año la polca. Sin darme cuenta me abrazó por detrás y me dijo:
-¿No te gustaría dormir conmigo con estas sábanas tan viejas y con el olor a polvo?
Eso de que me abrazaran por detrás era una de mis mayores debilidades, cuando alguien me abrazaba por detrás me quedaba muda.
-Sí venga no te jode… Y ya de paso hacemos cosas locas…-le vacilé.
-¿Por qué no?-me preguntó.
-Mira que eres tonto Hugo. Apenas nos conocemos.
-Pues para no conocernos bien que me besabas hace un rato.
-Y lo volvería a hacer, pero es que tu pretendes ir muy rápido.
-¿Segura?
-Segurísima.
Me habló muy bajito en el oído, aunque sinceramente del silencio que se respiraba parecía como si me hubiera gritado y me dijo:
-Tranquila que voy a ir más despacito.
-Vale-le susurré en su odio y seguidamente le mordí el labio.
-Aza, ¡Me has hecho daño!.-me dijo en plan broma.
-Era mi intención.-puse una sonrisa picaresca y me largué a por su pijama rosita.
En unos minutos ya estaba de vuelta, el muy subnormal no se había movido del sitio en el que le dejé.
-Toma Hugo, aquí tienes tu dichoso pijama.
El muy graciosillo, se debió tomar mi frase a pecho y los pocos pasos que nos separaban, les dio en 10 minutos. Mientras yo le decía que no tenía todo el tiempo del mundo y que estaba cansada, él no me hizo ni puñetero caso. Por fin llegó, y al ir a coger el pijama se acercó a mí y me susurró en el oído izquierdo:
-¿No dijiste que poquito a poco? Pues yo solamente he cumplido tus órdenes.
Y sonrió.
-¿Encima me vacilas?
Le agarré de aquella camiseta de rayas y le dirigí hacia mi boca, al ir a besarme le hice la famosilla “cobra”  y le dije:
-Sin prisas eh, sin prisas.
-¿Cómo que sin prisas? ¡Yo voy a la velocidad que me da a mí la gana!
Y me cogió por la espalda y me besó. Seguidamente le empecé a quitar los botones de la camiseta, me agarró del final de mi jersey y me le quitó. Me desabrochó el sujetador, le desabroché el cinturón. Le quité el pantalón y me di cuenta de que no llevaba calzoncillos y allí vi todo el asunto; posteriormente nuestras pieles se juntaron, y ya sabéis lo que pasó a continuación no hace falta ni que yo os lo diga.

Fue muy bonito, hay que decir que tenía un buen cuerpo. Pasamos la noche en aquella cama llena de polvo y con las sábanas de los años 80. Hugo era un poco mentiroso, o eso, o que la “cosa” se le congeló durante toda la noche, porque no sé ni para qué me hizo traer el pijama…

Mañana Capítulo Final. ¿Te lo vas a perder?

¿Será un final feliz? ¿Habrá algo oculto en esta magia navideña? ¿Volverá a creer Azahara en la Navidad? ¿Qué pasará entre ella y Hugo?
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡NO TE LO PUEDES PERDER!!!!!!!!!!!

sábado, 27 de diciembre de 2014

CAPÍTULO 5. Se acerca el final...

CAPÍTULO V: Dulce Nochebuena.
Después de aquella situación, en la que sin darme cuenta el abrazo de Hugo significo algo más, fuimos al baño a ayudar a vestir a los niños. Mientras yo vestía a Héctor, Hugo terminaba de lavar el pelo a Samuel. A Hugo se le daban genial los niños, era tan cariñoso con ellos. De repente sonó el teléfono y baje corriendo a contestar.
-Sí, dígame.
-Hija ¿qué tal? ¿cómo estáis?
-Hola Papá, estamos bien, los niños están contentos y se lo están pasando bien y  además tenemos un invitado.
-¿Enserio? ¿Y quién es?
-Se llama Hugo y es una larga historia que ya os contaré.
-¿Con novio y no nos dices nada?
-No Papá, no es mi novio, es un chaval que también cena solo en Navidad y le he invitado a que la pase con nosotros.
-Me alegro, cariño. Bueno tengo que colgar.
-Vale Papá, pasad buena noche.
-Igualmente cielo.
Mis padres siempre se han preocupado de mí y siempre han respetado mis gustos y mis opiniones. Quizás no sean los mejores padres del mundo pero para mí lo son.
Cuando regresé al cuarto de baño, el pobre Hugo estaba caladito entero y chorreaba un montón de agua; y los niños se estaban riendo.
-¿Pero qué ha pasado aquí?
-Jajajajaja.-se reían los niños.
-Ya ves Azahara, tus niños que no han parado de salpicar y mira cómo han puesto todo.
Sonreí. Y a continuación al ir a acercarme a sacar a Samuel de la bañera, Héctor me salpicó y después, Samuel,  y Hugo también se apuntó. Yo no me quedé quieta empecé a salpicar a todos. Acabamos todos empapados de agua y jabón y el cuarto de baño parecía una laguna. Hay que decir que no lo pasamos bien y que nos reímos un montón.
-Venga niños, ¡Ya! ¡Parad! Luego, ¿quién va a limpiar todo esto? Mamá ¿no? Pues ala, venga saliros y poneros la toalla.
La ropa de Samuel estaba en el suelo llena de agua, se la había quitado y se había vuelto a meter en la bañera.
-Jo….-respondieron los gemelos.
Los niños salieron y se fueron a su dormitorio a vestirse.
-Hugo, creo que tengo alguna camisa y algún pantalón de Iker que quizás te estén bien, porque estás calado.
-No te preocupes, esto se seca enseguida.
-¡Qué vas a coger un constipado! Quédate aquí que no tardo nada en ir a por ello.
-No, Aza, enserio. Era de tu marido y seguro que lo guardas con mucho aprecio.
Ese Aza, fue especial, Iker al principio de conocerme también me llamaba así.
-Mi marido, desafortunadamente no lo puede usar; y seguro que a él no le importaría que te lo pusieras.
-Me da mucho respeto Azahara, de verdad.
-Anda no seas tonto, enseguida vuelvo.
Fui a mi cuarto, cogí una camisa de rayas de Iker y un pantalón vaquero.
De camino al baño, me di cuenta de que los calzoncillos también les tendría mojados y regresé a mi dormitorio. Rebusqué y rebusqué, pero no encontré ningún calzoncillo.
-Hugo, toma. Si quieres dúchate o báñate un poco en lo que yo hago la cena. No he encontrado calzoncillos, no sé donde les guardaba Iker.
-No pasa nada. Si no te importa me voy a duchar un poco, porque llevó un día un poco ajetreado.
-Tú dúchate a gusto, dentro de la ducha está el jabón y el champú y si quieres coge mi toalla que es esa de la esquina.
-De acuerdo, Gracias.
Cerré la puerta del baño y llamé a los niños para que me ayudaran a hacer las pizzas y las patatas fritas.
-Héctor, mete esta pizza en el horno. Tú Samuel ayúdame a meter las patatas fritas a la freidora.
En 10 minutos la cena estuvo lista. Decoramos un poco la mesa, con un mantel de Navidad, unas flores de Pascua que me había regalado mi hermana, pusimos esos cubiertos que se encuentran en el fondo del cajón, que Iker y yo decíamos que eran para ocasiones especiales, y encendimos la televisión.
-Niños, Hugo está duchándose, id a llamadle y decidle que la cena está lista.
Fueron a llamarle y en menos que canta un gallo ya estaban de vuelta.
-Mamá, dice Hugo qué dónde deja la ropa sucia.
En ese momento me quede en blanco, no sabía que decir ni que responder.
-Dile que les meta en el… en el… en el… Que la deje en el taburete del baño que ya lo meto en la lavadora.
-Vale.-respondió Héctor.
Fueron corriendo a decírselo, y en unos segundos ya estaban de vuelta.
-Chicos, sentaros en la mesa que enseguida pongo las patatas fritas. Al ir a la cocina, Hugo bajó por las escaleras. De repente, me recordó un montón a Iker, la ropa le quedaba tan bien, que parecía él.
-Qué guapo estás Hugo.
-Gracias.-sonrió.
Sonreí.
-Siéntate en la mesa que ya llevo las patatas y las pizzas.
-Déjame que te ayude.
Por un momento, nuestros cuerpos se rozaron, me puse tan nerviosa que se me cayeron todas las servilletas.
-Uy lo siento.- dijo Hugo.
-No si he sido yo, que no miro por donde voy.
-Espera que te ayudo.
Al recoger las servilletas nuestras manos se chocaron, me miró y le miré, sonreímos.
Me levanté y dije muy nerviosa:
-Bue… no, no ha si…do pa tan…to.
Sonrió.
-Son unas servilletas, se recogen enseguida
Sonreí.
-Vamos para la mesa que los niños tienen que estar hambrientos.
Con las pizzas y las patatas nos dirigimos hacia la mesa y nos sentamos.
-Yo quiero la de jamón york.-dijo Héctor.
-Yo, la de 5 quesos.-dijo Samuel.
-Chicos, toda entera no, tiene que haber para los demás.
Estuvimos un buen rato cenando, Hugo apenas decía nada y yo todo el rato estaba regañando a los niños para que se comportaran bien.
Una vez acabada la cena, recogí todo y llevé las galletas.
Repartí a cada uno 5, y estaban tan ricas que me hubiera comido otras 5.
-Mmm que ricas.-dijo Héctor.
-Es verdad, están muy buenas.-dije yo.
-Venga chocad esos cinco chicos.
Los niños chocaron los cinco a Hugo.
-Aza, tú también.
Sonreí.
Los niños se empeñaron en cantar villancicos y estuvimos toda la noche cantando villancicos que les habían enseñado en la escuela, nos obligaron a Hugo y a mí a cantarles y también a ponernos unos sombreros de Papa Noel y unas diademas de cuernos de reno. Parecíamos ridículos pero no lo pasamos muy bien. Hay que decir que Hugo cantaba fatal; pero bueno yo no es que cantara como India Martínez. A las 11 y media de la noche les dije a los niños que se fueran a la cama porque seguramente Papá Noel estaría a punto de llegar y así lo hicieron. Les ayudamos a ponerse los pijamas y le dije a Hugo que viniera conmigo a acostarles.
-Niños, dormid tranquilos y mañana ya veréis si os habéis portado bien.
Estaban nerviositos perdidos y sé que les iba a costar coger el sueño. Les di el beso de buenas noches e insistieron en que les contara el cuento de “Peter Pan”, pero no tenía muchas ganas y Hugo se ofreció a contársele.
Le susurre a Hugo al oído que no le extrañase que se supieran el cuento de memoria pues todas las noches del año se le contaba. Sonrió y me dijo:
-No te preocupes.
Y me guiñó el ojo.
Mientras tanto, recogí la mesa y coloqué todo como estaba antes. Me senté en los pies del sofá y miré fijamente al fuego de la chimenea, pensé y recordé lo de siempre. Estas navidades no estaban siendo tan aburridas pero me faltaba él, mi Iker. No sabéis cuanto le echaba de menos.
-Aza, ¿puedo sentarme a tu lado?
-Claro.
-¿Qué haces?
- Lo de siempre Hugo, lo de siempre.
-Aza, miramé.
Le miré.
-Es duro y difícil cuando se dice adiós para toda la vida y más cuando toda la vida piensas en él. Pero esto es así, la muerte es tan generosa, que aun sabiendo que siempre va a ganar nos da toda una vida de ventaja. Porque todos estamos predestinados y a veces nos vamos antes de lo debido y dejamos muchos sueños por cumplir, pero estoy seguro de que tu marido ha cumplido muchos de sus sueños a tu lado. Porque cuando sueñas te dejas llevar, no hay problemas, aunque te parezca mentira yo creo en los sueños y yo pienso que soñamos por algo, ese algo está  oculto en ellos. Porque soñando, no todas las veces, pero muchas de ellas eres feliz.
Fueron tan bonitas sus palabras que no pude contener las lágrimas.
-No puedo dejar de pensar en él, me hizo tan feliz que me duele en el alma que no esté aquí.
Con sus suaves manos me secó las lágrimas y me dijo:
-No llores Aza, sé que has sufrido demasiado y que seguramente a tu marido desde allá dónde esté no le gustaría nada que llorases. Es el momento de que seas feliz, levanta esa cara y tienes que ser fuerte, porque lo que se va desgraciadamente ya no puede volver.
Le abracé.
-Qué bueno eres Hugo.
-Todo lo que sé me lo enseñó una bruja.
-Jajajaja.-sonreí.
-Eso dice la canción.
-Sí, eso dice.
-Seguro que te ayuda un poco de terapia, ¿quieres?
-¿Qué si quiero qué?
-Qué yo sea tu terapeuta por una noche.
-Jajajaja. Está bien.
-Mis terapias son un poco duras, pero seguro que te ayudan.
-No me asustes…
-Tranquila tu solo déjate llevar y cuéntame absolutamente todo.
Empezó a hacerme una serie de preguntas que me ayudaron un montón a desahogarme.
-Primeramente no tienes que llorar.
-Está bien, lo voy a intentar.
-¿Cómo os conocisteis tu marido y tú?
-Iker, se llamaba Iker.
-Bueno pues Iker, ¿cómo os conocisteis?
-Fue exactamente un 4 de noviembre, yo estaba esperando en una parada de autobús, y él pasaba por la calle. Al ir a subir al autobús, me olvidé las llaves en el asiento de la parada, y cuando estaba sentada  en el asiento del autobús, él se acercó y se sentó a mi lado y me preguntó que si se me habían olvidado las llaves, empecé a rebuscar por mis bolsillos y me di cuenta de que había perdido las llaves. Era tan bromista que no me dio las llaves hasta que no lo di un beso en el moflete. El viaje duró dos horas, dos horas intensas y que se me pasaron volando, me empezó a contar chistes, toda su vida, yo le conté la mía y nos reímos un montón. Nos dimos nuestros números y como vivíamos cerca pues empezamos a salir.
-Qué bonito. ¿Dónde fue vuestro primer beso?
Sonreí.
-Me acuerdo de ese día como si fuera hoy, llevábamos 7 meses saliendo y yo era una vergonzosa y no me atrevía a besarle. Ese día vino a la casa de mis padres a pasar la noche, tenía yo 21 años  y en mi habitación empezamos a jugar con las gominolas, los lacasitos, los conguitos y… pasó. Y desde ese día, todos los días nos besábamos.
-¿En qué momento decidisteis tener hijos?
-Pues si te digo la verdad, no entraba en nuestros planes, llegaron un día de casualidad.
-¿Enserio?
-Sí-sonreí.
-Ya no hay más preguntas.-dijo Hugo.
-Me ha venido muy bien, de verdad, muchas gracias.
-Esas gracias te las guardas.-sonrió.
Solamente eran las 12 de la noche y no tenía muchas ganas de dormir y creo que Hugo tampoco.
-Azahara, te voy a contar un chiste que seguro que te encanta.
-Yo soy muy poco chistosa.-sonreí.
-Y yo, pero seguro que con este te partes.
-Venga va.
-Van dos y se cae el del medio.
-¿Y la gracia? Ese chiste es más viejo que la tos.
-En el chiste. ¿A qué nunca te has planteado que pudiera haber un tercero?
-Pero si has dicho que iban dos.
-Claro, pero te he dicho que se cae el tercero que es el del medio.
-Que retraso.

No tenía ni la mínima gracia, pero ver como contaba el chiste y su cara al contarlo, no tenía precio, eso sí que era gracioso. Empezamos a reírnos y cuando intentábamos parar, nos mirábamos y volvíamos a reír, estuvimos así un buen rato hasta que sucedió algo que acabó con el buen rollo y la risa. Sin quererlo ni desearlo nuestros labios se juntaron. Le besé, me besó.