jueves, 18 de diciembre de 2014

¡¡¡TÍTULO, PRÓLOGO Y PRIMER CAPÍTULO!!!

Me he adelanto y lo subo antes. Hoy mismo el primer capítulo de mi novela. VAMOS ALLÁ!!
SONRISAS PARA NAVIDAD



AUTOR: Luis Miguel Heras Rubio









Para todos aquellos que simplemente han confiado y creído en mí. Muchísimas gracias.
Pero en especial a mis padres, a mi hermana y a Potita y Lacasita.

PRÓLOGO
Queridos lectores, hoy os voy a contar y transmitir que podemos volver a la infancia y sentir ese espíritu navideño de cuando éramos jovencitos, al no dormir durante toda la Noche de Reyes, esperando ansiosos esos regalos que dichos magos nos traían. Sí, desgraciadamente la Navidad se ha convertido para muchos la época del año más triste sin lugar a dudas, todo ello está marcado por los que ya no están, por las distancias, la pobreza, el trabajo, la soledad e incluso las discusiones.                       Sé perfectamente que algún día, espero que dicho día nunca llegue, yo también la odiaré porque simple  y llanamente alguien que yo quería muchísimo se fue, y no lo puede disfrutar conmigo. Para entonces ya estaré preparado y pensaré en positivo.
Comenzamos…

CAPÍTULO I: Sufrir en Navidad
Aún quedaba todavía exactamente un mes para que comience la Navidad y mis dos príncipes ya habían cogido su revista de juguetes y estaban conmigo en el salón escribiendo la carta a Papa Noel y a los Reyes Magos. Sí, no hace falta ni que lo preguntéis Papa Noel ya era oficialmente otro repartidor de regalos o como le llamaba yo otro saca-perras, esto en mi época no existía. Hemos llegado hasta tal punto que ya la Navidad no es una celebración ni por motivos religiosos ni familiares, la Navidad se ha convertido esencialmente en algo absurdo y como no podía ser de otra manera, en algo económico. ¿Dónde quedan las reuniones familiares en Nochebuena y Nochevieja, en la que hasta los niños jugábamos al bingo y a las cartas con toda la familia junta? ¿Dónde los bailes, los villancicos y el humor eran los reyes de estas fiestas? Todo se acaba y quién lo diría, hoy en día los adolescentes ya están codiciosos de irse a las discotecas sin haber empezado la cena, todo la familia parece haberse quedado muda por culpa de las redes sociales y el famosillo Whattshap, ya no se cocina un buen asado o un buen pavo, no, ahora la comida se pide por Internet. ¡Hasta donde hemos llegado, Dios mío! Lo odio, lo odio, lo odio, detestó esta época del año, la odio. Maldita Navidad… Tuve que dejar a los niños en el salón y decidí subir a la habitación a echarme a llorar. Aún no me he presentado, me llamo Azahara y mis dos principitos se llaman Héctor y Samuel. Mañana harán ya cuatro años de la muerte de mi rey, del mejor de todos, del que más me cuidaba y me quería, del único que solo chillaba por ver perder a su Atleti (se la escapa una sonrisa entre las lágrimas), del autor de mis grandes principitos, de mi marido y esposo, Iker. Se fue sin conocerlos y tan sólo 2 meses antes de su nacimiento. Íbamos a comprar los regalos que nos regalaríamos para Reyes y la ropa para la Nochebuena; cuando de repente sin nadie imaginarlo la flor del destino me le arrebató; habíamos pasado un día estupendo, nos reímos todo él, cantamos la canción con la que nos conocimos:

Me olvidé de soñar, mientras lanzaba piedras a la Luna con la  fuerza de una lágrima, me olvidé despertar a la voz de tus caricias puras…
-Caricias puras no, Ik es caricias mudas- le dije yo riéndome.
Entonces el me miró, empezó a sonreír con esa sonrisa que me deleitaba cada mañana y empezamos a morirnos de la risa. Aunque no era un sex-symbol para mí era mi otro corazón, tenía los ojos marrones pero me parecían más bonitos que los grises y ese pelo, ese olor…
-Desde donde estés, Ik, te quiero muchísimo.
 Ese día fue el mejor pero a la vez el peor. Durante aquella noche me preparó la cena porque yo con el embarazo de esos dos monstruos ya tenía bastante y al besarme me dijo:
-Pasé lo que pasé, Azi, pon estos regalos debajo del árbol de Navidad y recuerda que yo siempre estaré con vosotros.
A mí sinceramente me asustó un montón, pero como él era tan bromista me lo tomé con mucho humor y le contesté:
-No seas tonto, les vas a poner tú solito- y me eché a reír.
Ese día se encontraba muy cansado y decidió irse a la cama antes de las 9, yo me que quedé un ratito más viendo una película en el salón. Me dio mi besazo de buenas noches y se fue a descansar. De repente se oyó un golpe en nuestra habitación, seguidamente fui corriendo y gritando su nombre, le dije en varias ocasiones:
-¿Qué ha pasado mi amor? ¿Te has hecho daño?
Cuando llegué, me encontré el  final de su capítulo, ya había terminado, su corazoncito había dejado de funcionar, ahora mi corazón tendría que volver a funcionar solo, nadie le volvería  a ayudar. Posteriormente llamé a la ambulancia sin voz, ya que mi voz se hallaba ahogada en un mar de lágrimas, pero finalmente me lograron entender. Acudí al hospital con mi pijama de cerditos que él me había regalado por mi cumpleaños y allí recibí la trágica noticia que yo no quería ni siquiera oírla mencionar. Mis padres y mi hermana estaban conmigo y me consolaron durante aquella noche y los días posteriores, que fueron, son y serán bastantes. Mi Ik ya no estaba, ya no me besaba, ni me abrazaba, ni me hacía reír ni me miraba, ni me amaba…
Al tercer día de su muerte, celebramos su funeral donde yo le escribí esta carta:
Para el son de mi compás, para las letras de mis canciones, para mi media naranja, para mis segundos, mis minutos, mis horas, mis días, mis noches, mis semanas, mis meses, mis años, para MI VIDA. Ik te fuiste de repente sin decir nada, cuando el sol no brillaba, cuando todo era tan bonito, cuando teníamos tantas ilusiones y planes de futuro, cuando me hacías más feliz. Te has llevado contigo tu corazón, tus ideas, tu cuerpo. Pero has dejado aquí junto a mí, los recuerdos, tus sonrisas, todos aquellos momentos en los que éramos felices, tu olor  y parte de tu vida. Porque te echaremos de menos, no solo yo, tus hijitos también; porque eres el mejor y nunca te olvidaré.
Tequiero un mogollonismo, mi Ik.
Imaginaros como la leí, creo que sobran las palabras. Os preguntaréis el porqué de su muerte, pero ni yo, hoy en día lo sé. Según los médicos, él horas antes llamó y dijo:
-Soy yo,  Iker González Escobar, como ya sabéis no digáis nada a nadie del porqué de mi muerte.
Los médicos sí que sabían perfectamente de qué había muerto pero respetaron su palabra al igual que lo hice yo, pero quería que me despejaran una incógnita y entonces la pregunté a la médica:
-¿Se ha suicidado?
Ella rotundamente me respondió:
-Señorita, estate tranquila él no se ha suicidado, pero no puedo decir nada más, algún día lo adivinarás.
Y todavía no sé nada acerca de su muerte, prefiero vivir sin saberlo. Si él no quería que lo supiese, yo no lo quiero saber.
De repente llamaron a la puerta de mi habitación y se oyeron dos voces tan finas como el violín, una decía:
-Mamá, Samuel se ha copiado de mí y ha escrito lo mismo.
Y la otra:
-No mientas Héctor, tú te has copiado de mí.
Decidí secarme las lágrimas, dejar la foto de Ik y yo juntos; y abrirles la puerta.
-Mamá, ¿los reyes me pueden traer más de dos cosas?-dijo Samuel.
Aunque no andábamos muy bien de dinero, todo lo que mis hijos me pidieran yo se lo hacía corresponder.
-Samu que quieres para reyes.-le pregunté yo.
-Mamá solo quiero dos cositas: quiero que dejes de llorar a escondidas y que seamos felices.
-Yo también quiero eso.-respondió Héctor con carita de buenecillo.
No pude más y volví a llorar, posteriormente ellos me abrazaron y me susurró uno de ellos, no me acuerdo cuál de los dos porque no tenía ganas de pensar:
-Si tu lloras, nosotros también nos ponemos tristes y siempre te oímos aunque tú no lo sepas.
Con solo 3 añitos y mirad lo que me dijeron. Tenían el corazón tan suave y blandito como el de su padre.
Le sonreí y les dije:
-No os preocupéis mis niños que estas navidades Mamá no volverá a estar triste porque los Reyes Magos ya os dado vuestro regalo.
-No Mamá, los Reyes no conceden regalos hasta el 6 de enero, por tanto toca esperar.-dijo Héctor
-Tienes razón chiquitín, así que ahora toca irse a duchar-le respondí yo.
Les llevé a la ducha como mandaba la tradición. Desde muy pequeñitos odiaban la hora de la ducha y para que se les hiciera más amena jugábamos al escondite y al primero que pillaba se metía en la bañera y el otro bañaba a su hermano y viceversa. Al principio me costó, pero se fueron acostumbrando y hasta yo me lo acabo pasando bien aunque me dejen después el cuarto como una pocilga.
El primero en bañarse, ya que se escondió en el mismo sitio fue Héctor y después Samuel. Una vez bañados les dí de cenar unas sopas muy calentitas que las llamaban “Las minas de oro”. Yo no entendía el significado y siempre que les preguntaba me respondían con un:
-Mamá los buenos recuerdos son los que se guardan en el corazón, no en las fotos.
Me imagino que será alguna chorrada de éstas que les enseñan en el cole para que coman mejor las sopitas.
Una vez finalizada la cena, les llevé a dormir a sus literas, y les conté el cuento de “Peter Pan” que siempre me pedían porque ya se le sabían de memoria y me mentían diciendo que sabían leer. De tontos mis granujillas no tenían nada.
Les dejé dormidos y me tomé antes de acostarme una tila.
De camino a la cama pasé por la habitación de los chiquitos y les di sus besitos. Posteriormente entre en mi cuarto, me puse el camisón y cogí de nuevo la foto de Ik y yo juntos. Sabía que mañana no iba a ser un día fácil, pero les había prometido a los niños que en estas navidades, nada de llorar ni pasarlo mal, al ir a dar un beso a la cara de Ik de la foto, me acordé de una frase que los niños siempre decían cuando les preguntaba sobre “Las minas de oro”.
-Mamá los buenos recuerdos son los que se guardan en el corazón, no en las fotos.-recordé aquella frase.
Sí, exactamente, los niños no decían esa frase porque se la hayan enseñado en la escuela, lo decían porque estaba grabada en el borde del marco de la foto. ¡Qué tonta! Nunca me había percatado de ese detalle.
¡Claro! Las llaman así porque detrás hay una pegatina de la tienda donde compramos el marco. En dicha pegatina se encuentra un logotipo de un tazón de sopas y pone “Las minas de oro, entra y disfruta”.
Hacía tanto tiempo que Ik me había comprado ese cuadro que ni yo me acordaba de la tienda ni que abajo en la esquina posterior ponía “Los buenos recuerdos se guardan en el corazón no en las fotos”.
De la emoción de haber resuelto “el misterioso caso de las sopas”  se me cayó el cuadro al suelo y quedó completamente hecho pedacitos. Sonó tan fuerte que del susto,  Héctor se despertó y acudió a mi habitación para averiguar lo que había sucedido. Él me ayudó a recoger los cristales (los más grandes para que no se cortará) cuando de repente una carta se cayó al suelo. Tenía un color granate y la dejé sobre la cómoda; mientras tanto tiramos los cristales a la basura. Seguidamente Héctor dijo:
-Mamá, ¿por qué nunca nos hablas de Papá?
-Porque todavía no es el momento adecuado cariño, ahora vete a la cama que mañana toca madrugar.-le aclaré.
-Vale, Mamá.- me dio un abrazo y se fue a dormir.
Al echarme la manta para ya descansar, me acordé de la misteriosa carta y la cogí dispuesta a leerla. Sentía mucha curiosidad pero estaba muy cansada. La dejé sobre la mesilla y apagué la luz. Pasó 1 hora y no podía dormir debido a la incertidumbre de la dichosa carta. Ya no podía más. Encendí la luz y abrí la carta y cuál fue mi asombró al leer aquella carta tan emotiva.
Querida princesita:
Si  lees esto, es porque ya no estoy ahí contigo, abrazándote, besándote, acariciándote, porque desgraciadamente  mi vida ha terminado. Solamente me queda una semana para disfrutar esta vida contigo, porque mi médico de cabecera me ha dicho que el día 26 de noviembre posiblemente fallezca. He intentado ocultarte mi enfermedad para que no sufrieras tú también y seguir viviendo como hasta ahora lo hacíamos. Quiero que mis hijos me recuerden, así que hazme el favor de hablarles de mí siempre. Azi, muchísimas gracias por conocerme, darme estas oportunidades, y esos dos cielos que llevas en tu vientre y que algún día crecerán. No cierres las puertas a nada, disfruta de esta vida como yo lo hice a tu lado. Espero que no estés llorando en estos instantes porque recuerda:
“Mientras lloramos, nuestra cara se pone fea; y ya hay muchos feos en el mundo para que ser uno más”
Te debo la vida, sé feliz, dales recuerdos a esos granujas que seguro que son igual de guapos que tú. Gracias por hacerme feliz, te lo mereces todo; desde mi amor hasta la Luna entera.
Os quiero pulgarcitos y princesita. Con muchísimo cariño Ik.”

Como contener las lágrimas mientras leía eso, fue imposible. Ni las promesas, ni sus frases locas. Porque os dije que era especial, aun sabiendo que moriría quiso disfrutar todo conmigo y guardarse el dolor para dentro. Nunca sabré de que murió pero tampoco lo quiero saber, imagino que tendría cáncer de esos que les llaman mortales. Que grande era. Entre lágrimas decidí tumbarme en mi gran nube y hasta pienso que soñé con él, que no se había ido que éramos felices y que nuestros hijos crecían a nuestro lado.

2 comentarios:

  1. Super bonita la historia, me ha emocinado! Te leere cuando tenga ratillos, eres bueno! Un beso!

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  2. Super bonita la historia, me ha emocinado! Te leere cuando tenga ratillos, eres bueno! Un beso!

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