jueves, 25 de diciembre de 2014

¡¡¡TERCER CAPÍTULO DE MI PRIMERA NOVELA!!!

CAPÍTULO III: Malos y buenos humos.
Eran las 5 de la tarde y decidí preparar unas galletas con mis niños para comerlas en la cena de esta noche. Héctor y Samuel se lo estaban pasando en grande jugando con la harina y los polvos de cacao; mientras yo ponía el horno y les ayudaba a amasar aquella mezcla tan rara. Cuando estábamos metiendo las galletas en el horno llamaron al timbre.
Deje las galletas en el horno y les mandé a los niños al baño para que se lavarán las manos y la cara; seguidamente abrí la puerta.
-¡Buenas tardes, ¿señorita?!
-¿Y a usted quién le ha dado mi dirección? ¿Y cómo se atreve a venir aquí? ¿No le parece bastante con lo de esta mañana?
Le cerré la puerta en las narices, pero el tío volvió a llamar.
No tenía intenciones de abrirle, pero tampoco soy tan mala y menos si me vienen a pedir disculpes como este me prometió.
-Perdona Azahara, sé que no es oportuno venir a estas horas a tu casa, sobre todo en estas fechas que estarás con tu marido y tus hijos; pero creo que no he sido muy honesto esta mañana.
-En primer lugar mi marido murió ya hace cuatro años y habértelo pensado, antes de tratarme así como me has tratado.
-Siento mucho lo de su marido, de verdad. Espero que me perdone, pero estoy haciendo una comprobación de los trabajadores que hay en mi empresa porque según estamos, en tiempos de crisis,… Bueno usted ya me comprende. Y vamos a despedir gente.
-Vale, despídame y que sepa que me he quedado relajada cuando le he dado la bofetada y que lo volvería a hacer.
-Hazlo venga, repítelo.
-No me provoques, que a mi me da igual que sea el jefe.
-Uy que cobarde, la gata en celo de repente ha escondido sus garras.
-¡Zasss! Y está por si se ha quedado con ganas ¡Zasss!.- le di dos cachetes muy sonoros
De repente, me di cuenta de que le había hecho sangre, ya que le había arañado con mi anillo. Y le dije:
-Upps; perdóne. Pase y siéntese en aquel sofá blanco que enseguida le curo la herida.
-No hace falta, yo ya me iba.
-Por favor, de verdad, pase y disculpe.
Fui corriendo al baño y cogí el botiquín. Cuando bajé Hugo estaba sentado y haciendo cosquillas a los niños.
-Son muy majos, lo que pasa que no se parecen a ti.
-Ya…-sonreí. Se parecen un montón a su padre.
-Qué pena de verás, no sabe cuánto lo siento.
-Bueno lo pasado, pasado está y no hace falta darlo más vueltas.
-Pues sí, a mí me pasó algo parecido, pero ni teníamos hijo ni estábamos casados. Éramos novios desde los 15 años y hace 3 años pues murió en un accidente de tráfico tal día como hoy, cuando venía a casa de mis padres.
-Ya ves… Lo que es la vida. Algunas veces pasas del todo a la nada y otras de la nada al todo. Bueno niños ¡iros a jugar un poco, mientras yo curo la herida a este señor!
-Hugo, por favor; lo de señor de momento no.
-¿A ver donde le he cortado? No se mueva es por aquí, si aquí, justo encima del ojo. Tranquilo le va a escocer un poco pero luego se le pasará.
-Ya me lo imaginaba- se echó a reír.
Le limpié la herida con alcohol y algodón; y después le eché un desinfectante y una tirita.
-Bueno creo que esto ya está. Y de verdad lo siento mucho.
-No pasa nada, ha sido un accidente. Azahara en realidad yo no he venido aquí para hablar de su despido, porque es una de las mejores dependientas de nuestra inmobiliaria, vengo a hablarle de su coche.
-¿De mi coche? ¿Qué le pasa ahora a mi coche?
-Pues… cuando pasaba por aquí… vi que la grúa se le llevaba y decidí pagar para que no se le llevasen, porque un buen aparcamiento no se encuentra todos los día.
-¡Bendito sea el señor! Muchas gracias, lo que pasa es que siempre aparco mal el coche porque nunca me atrevo a dejarlo en el parking. ¡Qué suerte! ¿Bueno cuánto le tengo que dar?
-Nah, no se preocupe tampoco era tanto… Bueno pues esto es todo, yo ya me voy. Pase una buena noche y Feliz Navidad.
-Gracias enserio, muchas gracias. Por ahí está la salida y pase usted también una buena noche.
-Adiós.
Justo antes de que Hugo cerrará la puerta y se fuera; no sé qué me dio pero me dio y le pregunté:
-¿Con quién va a pasar esta noche?
-Solo, como todas…
-Pues quédese aquí y pásela con nosotros que también cenamos nosotros tres.
-Gracias, pero me parecería mal, porque no tengo nada preparado ni nada.
-Da igual, si vamos a cenar pizza y patatas fritas y además con lo del coche ya está recompensado.
-Vivo muy lejos, y en ir y venir ya se ha pasado toda la noche.
-No se preocupe tengo cama de invitados y seguro que usted duerme en calzoncillos.- sonreí.
-Que no que no, mucha gracias.
-Hugo, hazme el favor. Sé lo difícil que es estar solo y más en esta época. Quédese y mañana Dios dirá.
-Bueno si insiste. Me quedo.
-Entra y haz lo que quieras. Siéntete como en tu casa. Les voy a llamar a los niños seguro que les alegra la noticia.
De repente bajaron corriendo Samuel y Héctor.
-Mamá, Héctor ha roto la lámpara del dormitorio.
-No mientas Samuel la has roto tú, que has dado al balón y decías que eras Koke.
-Héctor has sido tú, que al ir a parar la pelota has dicho que eras Moya y que la ibas a parar como él  y has dado en la lámpara.
-¿CUÁNTAS VECES OS TENGO QUE DECIR QUE NO JUGUÉIS CON LA PELOTA EN LA HABITACIÓN?.- les grité yo.
-Déjales, son niños seguro que no es para tanto.-añadió Hugo.
-Es que son unos picieros, un día me van romper la casa.
No sé para quién hablé quizás para las paredes porque en cuanto me quise dar cuenta estaban en el jardín, con el frío que hacía jugando con Hugo.
Cuando de repente:
-¡MIERDA!
Fui corriendo a la cocina y allí me la encontré toda inmersa en una nube de humo. Las galletas estaban chamuscadas.

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