CAPÍTULO II: Pre Nochebuena.
Tan sólo quedaban 10 horas para la cena de
Nochebuena, y a mí como a cualquier otra persona del mundo me tocaba trabajar.
No estaba siendo un día muy bueno, apenas había venido gente a nuestra tienda
de muebles, y me estaba quedando dormida en el despacho. Tenía mucho papeleo pero
no había ni las mínimas ganas para organizar todo y firmarlo. Decidí jugar al
aburrido juego del móvil “Apalabrados” que mi hermana y yo teníamos mucho pique
en este juego y siempre la ganaba; cuando de repente llamaron al timbre para
que le abriera la puerta a los nuevos clientes, bueno clientes no, al cliente.
Tenía pinta de ser un joven ricachón de más o menos mi edad (31 años, que no os
lo había dicho antes), de ser un soberbio y un desagradecido. Así que decidí
tratarle lo mejor posible.
Buenos días, señor o señorito, ¿en qué puedo
ayudarle?-le pregunté.
Buenos días señora, mejor señorito que solo
tengo 23 años.-me respondió, en tono de vacile que no me gustaba ni un pelo.
Que vas a tener tú 23 años, como mínimo
tendrás 30, so pavo.-pensé yo.
Estaba interesado en mirar los muebles para
mi nuevo salón, y hacerme una idea del presupuesto.-dijo “aquel señorito”.
Por supuesto, acompáñame- le dirigí hacia la
parte de salón, dándole las charlas de siempre.
-Demasiado hortera, horrible, ¿quién será el
descerebrado en comprar esta mierda?, poca calidad, no merece la pena, esto lo
hago yo con las manos atadas y los ojos vendados,…-decía y repetía el pesado de
turno.
- Disculpe, ¿vas a dejar de poner pegas de
una puñetera vez? ¿Por qué yo creo que no se ha dado cuenta, que éste es mi
trabajo y qué no me gusta que me hagan perder el tiempo?-le grité y en un tono
un poco no muy normal en mí.
Este tío me había sacado de mis casillas, y
parece ser que me oyeron en todo el edificio. Tan mala suerte tuve, que sin
apenas pestañear, en menos de 1 minuto ya tenía a la vieja y amargada de mi
jefa encima, echándome la bronca del quince. Me dijo que desde cuando se
hablaba así a un cliente, que si no tenía educación, que si era una
sinvergüenza y que probablemente se pensaría mi continuidad en el trabajo. A
todo esto hay que añadirle que el “educado” la soltó a mi jefa que se llama
Luisa Fernanda, sí que es un nombre feo como toda ella; cogió el muy
desgraciado y la dijo que estaba jugando al Apalabrados en horas de trabajo. Me cabreé tanto, que le di
una hostia en toda la cara al tiparraco ese, y a mi jefa la tire los papeles
con los que estaba explicando los muebles del salón. Seguidamente me fui al
despacho y mi compañera Sandra, atendió a aquel hombre.
Al cabo de no mucho tiempo el hombre se sentó
en el despacho de Sandra dispuesto y convencidísimo a comprar todos y cada uno
de los muebles del salón que le había enseñado yo. Puse cara de indignada y de
vez en cuando miraba de reojo porque era necesaria toda su información personal
para poder comprar los muebles, y estaba súper interesada en saber su edad,
porque ese de 23 años tenía lo que yo de virgen.
Disimulé que estaba escribiendo en el
ordenador, cosas que era mentira y lo oí todo, y cuando digo todo es to, como
decía mi Ik. El muy gilipollas porque no hay otra palabra para definirle, tenía
dos años más que yo, se llamaba Hugo y lo que más me asombró: ¡Era el
propietario de la tienda de muebles entera! ¿Os imagináis mi situación? En ese
momento me entraron ganas de ir a pedirle disculpas por el bofetón que le había
metido hace unas pocas horas; porque o lo hacía o mi despido era clarísimo y
pues no quería vivir en el paro, sin hacer nada más. Pero yo que soy así de
cabezota, me quedé sentadita en mi cómoda silla y dije para mis adentros ¡Qué
se joda, él ha sido el primero en criticar su empresa!
Como todos los días a las 2 y media de la
mañana salí del trabajo y regresé a mi casa. Allí estaba mi madre dando de
comer a mis hijos, que hoy les estaba costando comer ya que de primero mi madre
les había puesto ensaladilla rusa. Y hay que decir sinceramente, que a mi madre
no se la da bien la cocina y menos la ensaladilla rusa. Les fui a dar un beso y
observé que mi casa ya estaba decorada para esta noche. Mis niños y mi madre
siempre se encargan de decorarla, porque yo desde que paso eso, no creo nada en
la Navidad. Desafortunadamente serían las primeras navidades que pasaría sola
desde que murió Iker, bueno sola no; mis hijos las celebrarían conmigo.
Mis padres este año cogían un vuelo esta
misma tarde y se piraban para el Caribe, debido a que este viaje les
había tocado en la asociación de ancianos
del pueblo
Y mi hermana pasaría la Nochebuena con los
padres de su novio.
Tampoco me causa mucha preocupación cenar yo
sola con mis dos niños, total cuando vivía Iker, él y yo cenábamos siempre
solos porque nos agobiaba ir a las casas de nuestros respectivos padres.
Ni siquiera me iba a complicar en hacer un
menú extraordinario para esta noche. Cenaríamos pizza que a los niños les
encantaba y patatas fritas. Es cierto, que me parece una mierda esta cena, pero
es lo que hay; no tengo ninguna gana de preparar nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario