CAPÍTULO VI: Háblame bajito y grítame al oído.
Unos instantes después de aquella incómoda
situación, cuando nuestros labios se separaron; Hugo giró la cabeza y en bajito
se disculpó.
-Lo siento Azahara, no era mi intención.
Le agarré de la barbilla, le giré la cabeza para que me mirara a mí y le
dije con tono de niña pequeña:
-Tonto, no tienes que pedir disculpas; ha
sido muy bonito, por lo menos para mí.
-Ya… y para mí… Pero ahora me siento mal. He
entrado en tu casa de repente, estabas triste por tu marido y ahora pues eso…
Le puse el dedo en los labios y le dije:
-Tssss. Calla, no hables más, me dijiste que
me dejara llevar y así lo he hecho.
Seguidamente le besé. La primera vez que se
separaron nuestros labios me dijo:
-Dime que esto es un sueño, dime que no es
real.
Le llevé de nuevo el dedo en los labios.
-Tú mismo has dicho, que no soñamos para
nada, que cada sueño tiene un porqué y quizás esto tenga un porqué.
Nos dimos la
mano y seguimos besándonos. Entre besos nos decíamos cosas muy bonitas.
-A veces es necesario cerrar capítulos de
nuestra vida y empezar a escribir nuevas historias.-le dije yo.
-¿Se podría decir que esto es una nueva
historia?-sonrió.
-Cómo tu veas, ¿quieres ser mi nueva historia
o simplemente quieres ser uno de esos capítulos tan aburridos?
-Pues no, no quiero ser ninguna de las dos
cosas.
-¿Entonces por qué me besas?
-Porque quiero ser TU HISTORIA.
Sonreí, sonrió y nos seguimos besando. Era un
no parar, fue tan bonito, el fuego a nuestro alrededor, el silencio, la
oscuridad. Había vuelto a sentir aquello que desde hace años no sentía por
nadie, sí, esa palabrita tan absurda pero que a la vez es tan grande: AMOR.
De repente sonó el reloj de péndulo, ya eran
las 2 de la madrugada, se nos había pasado el tiempo volando.
-Bueno… Creo que ya es hora de acostarnos ¿no?
Porque Papá Noel estará a punto de llegar.-dije yo en un tono un poco mimosa.
-Parece ser que sí…
-Bueno Hugo, la habitación de invitados está
al final del pasillo de la parte de arriba.
-Sí, claro, sé dónde está, los niños… me la…
enseñaron antes.
Hugo estaba nerviosísimo parecía que me había
conocido en ese mismo momento.
-Por cierto Azahara, ¿no tendrás un pijama o
unos calzoncillos que dejarme? Ya sabes… los míos les tengo calados y la
cosilla al aire libre en pleno in…vierno pues… coge frío.
Me eche unas 4 carcajadas y el me miró con
una cara de “no encuentro por ninguna parte la gracia”.
-Solo tengo un pijama mío, pero es rosa…
-Perfecto no pasa nada.
-Vale pues ahora te le llevó.
-Vale pues ahora te le llevó.
Fuimos a la habitación de invitados, que por
cierto, tenía mucho polvo y las sábanas eran del año la polca. Sin darme cuenta
me abrazó por detrás y me dijo:
-¿No te gustaría dormir conmigo con estas
sábanas tan viejas y con el olor a polvo?
Eso de que me abrazaran por detrás era una de
mis mayores debilidades, cuando alguien me abrazaba por detrás me quedaba muda.
-Sí venga no te jode… Y ya de paso hacemos
cosas locas…-le vacilé.
-¿Por qué no?-me preguntó.
-Mira que eres tonto Hugo. Apenas nos
conocemos.
-Pues para no conocernos bien que me besabas
hace un rato.
-Y lo volvería a hacer, pero es que tu
pretendes ir muy rápido.
-¿Segura?
-Segurísima.
Me habló muy bajito en el oído, aunque sinceramente
del silencio que se respiraba parecía como si me hubiera gritado y me dijo:
-Tranquila que voy a ir más despacito.
-Vale-le susurré en su odio y seguidamente le
mordí el labio.
-Aza, ¡Me has hecho daño!.-me dijo en plan
broma.
-Era mi intención.-puse una sonrisa picaresca
y me largué a por su pijama rosita.
En unos minutos ya estaba de vuelta, el muy
subnormal no se había movido del sitio en el que le dejé.
-Toma Hugo, aquí tienes tu dichoso pijama.
El muy graciosillo, se debió tomar mi frase a
pecho y los pocos pasos que nos separaban, les dio en 10 minutos. Mientras yo
le decía que no tenía todo el tiempo del mundo y que estaba cansada, él no me
hizo ni puñetero caso. Por fin llegó, y al ir a coger el pijama se acercó a mí
y me susurró en el oído izquierdo:
-¿No dijiste que poquito a poco? Pues yo solamente
he cumplido tus órdenes.
Y sonrió.
-¿Encima me vacilas?
Le agarré de aquella camiseta de rayas y le
dirigí hacia mi boca, al ir a besarme le hice la famosilla “cobra” y le dije:
-Sin prisas eh, sin prisas.
-¿Cómo que sin prisas? ¡Yo voy a la velocidad
que me da a mí la gana!
Y me cogió por la espalda y me besó.
Seguidamente le empecé a quitar los botones de la camiseta, me agarró del final
de mi jersey y me le quitó. Me desabrochó el sujetador, le desabroché el cinturón.
Le quité el pantalón y me di cuenta de que no llevaba calzoncillos y allí vi
todo el asunto; posteriormente nuestras pieles se juntaron, y ya sabéis lo que
pasó a continuación no hace falta ni que yo os lo diga.
Fue muy bonito, hay que decir que tenía un
buen cuerpo. Pasamos la noche en aquella cama llena de polvo y con las sábanas
de los años 80. Hugo era un poco mentiroso, o eso, o que la “cosa” se le
congeló durante toda la noche, porque no sé ni para qué me hizo traer el pijama…
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