SONRISAS PARA NAVIDAD
AUTOR: Luis Miguel Heras Rubio
Para todos aquellos que simplemente han confiado y creído en mí.
Muchísimas gracias.
Pero en especial a mis padres, a mi hermana y a Potita y Lacasita.
PRÓLOGO
Queridos
lectores, hoy os voy a contar y transmitir que podemos volver a la infancia y
sentir ese espíritu navideño de cuando éramos jovencitos, al no dormir durante
toda la Noche de Reyes, esperando ansiosos esos regalos que dichos magos nos
traían. Sí, desgraciadamente la Navidad se ha convertido para muchos la época
del año más triste sin lugar a dudas, todo ello está marcado por los que ya no
están, por las distancias, la pobreza, el trabajo, la soledad e incluso las
discusiones. Sé
perfectamente que algún día, espero que dicho día nunca llegue, yo también la
odiaré porque simple y llanamente
alguien que yo quería muchísimo se fue, y no lo puede disfrutar conmigo. Para
entonces ya estaré preparado y pensaré en positivo.
Comenzamos…
CAPÍTULO
I: Sufrir en Navidad
Aún quedaba
todavía exactamente un mes para que comience la Navidad y mis dos príncipes ya
habían cogido su revista de juguetes y estaban conmigo en el salón escribiendo
la carta a Papa Noel y a los Reyes Magos. Sí, no hace falta ni que lo
preguntéis Papa Noel ya era oficialmente otro repartidor de regalos o como le
llamaba yo otro saca-perras, esto en mi época no existía. Hemos llegado hasta
tal punto que ya la Navidad no es una celebración ni por motivos religiosos ni
familiares, la Navidad se ha convertido esencialmente en algo absurdo y como no
podía ser de otra manera, en algo económico. ¿Dónde quedan las reuniones
familiares en Nochebuena y Nochevieja, en la que hasta los niños jugábamos al
bingo y a las cartas con toda la familia junta? ¿Dónde los bailes, los
villancicos y el humor eran los reyes de estas fiestas? Todo se acaba y quién
lo diría, hoy en día los adolescentes ya están codiciosos de irse a las
discotecas sin haber empezado la cena, todo la familia parece haberse quedado
muda por culpa de las redes sociales y el famosillo Whattshap, ya no se cocina
un buen asado o un buen pavo, no, ahora la comida se pide por Internet. ¡Hasta
donde hemos llegado, Dios mío! Lo odio, lo odio, lo odio, detestó esta época
del año, la odio. Maldita Navidad… Tuve que dejar a los niños en el salón y
decidí subir a la habitación a echarme a llorar. Aún no me he presentado, me
llamo Azahara y mis dos principitos se llaman Héctor y Samuel. Mañana harán ya
cuatro años de la muerte de mi rey, del mejor de todos, del que más me cuidaba
y me quería, del único que solo chillaba por ver perder a su Atleti (se la
escapa una sonrisa entre las lágrimas), del autor de mis grandes principitos,
de mi marido y esposo, Iker. Se fue sin conocerlos y tan sólo 2 meses antes de
su nacimiento. Íbamos a comprar los regalos que nos regalaríamos para Reyes y
la ropa para la Nochebuena; cuando de repente sin nadie imaginarlo la flor del
destino me le arrebató; habíamos pasado un día estupendo, nos reímos todo él,
cantamos la canción con la que nos conocimos:
Me olvidé de soñar, mientras lanzaba piedras a la Luna con la fuerza de una lágrima, me olvidé despertar a
la voz de tus caricias puras…
-Caricias puras no, Ik es caricias mudas- le
dije yo riéndome.
Entonces el me miró, empezó a sonreír con esa
sonrisa que me deleitaba cada mañana y empezamos a morirnos de la risa. Aunque
no era un sex-symbol para mí era mi
otro corazón, tenía los ojos marrones pero me parecían más bonitos que los
grises y ese pelo, ese olor…
-Desde donde estés, Ik, te quiero muchísimo.
Ese
día fue el mejor pero a la vez el peor. Durante aquella noche me preparó la
cena porque yo con el embarazo de esos dos monstruos ya tenía bastante y al
besarme me dijo:
-Pasé lo que pasé, Azi, pon estos regalos
debajo del árbol de Navidad y recuerda que yo siempre estaré con vosotros.
A mí sinceramente me asustó un montón, pero
como él era tan bromista me lo tomé con mucho humor y le contesté:
-No seas tonto, les vas a poner tú solito- y
me eché a reír.
Ese día se encontraba muy cansado y decidió
irse a la cama antes de las 9, yo me que quedé un ratito más viendo una
película en el salón. Me dio mi besazo de buenas noches y se fue a descansar.
De repente se oyó un golpe en nuestra habitación, seguidamente fui corriendo y
gritando su nombre, le dije en varias ocasiones:
-¿Qué ha pasado mi amor? ¿Te has hecho daño?
Cuando llegué, me encontré el final de su capítulo, ya había terminado, su
corazoncito había dejado de funcionar, ahora mi corazón tendría que volver a
funcionar solo, nadie le volvería a
ayudar. Posteriormente llamé a la ambulancia sin voz, ya que mi voz se hallaba
ahogada en un mar de lágrimas, pero finalmente me lograron entender. Acudí al
hospital con mi pijama de cerditos que él me había regalado por mi cumpleaños y
allí recibí la trágica noticia que yo no quería ni siquiera oírla mencionar.
Mis padres y mi hermana estaban conmigo y me consolaron durante aquella noche y
los días posteriores, que fueron, son y serán bastantes. Mi Ik ya no estaba, ya
no me besaba, ni me abrazaba, ni me hacía reír ni me miraba, ni me amaba…
Al tercer día de su muerte, celebramos su funeral
donde yo le escribí esta carta:
Para
el son de mi compás, para las letras de mis canciones, para mi media naranja,
para mis segundos, mis minutos, mis horas, mis días, mis noches, mis semanas,
mis meses, mis años, para MI VIDA. Ik te fuiste de repente sin decir nada,
cuando el sol no brillaba, cuando todo era tan bonito, cuando teníamos tantas
ilusiones y planes de futuro, cuando me hacías más feliz. Te has llevado
contigo tu corazón, tus ideas, tu cuerpo. Pero has dejado aquí junto a mí, los
recuerdos, tus sonrisas, todos aquellos momentos en los que éramos felices, tu
olor y parte de tu vida. Porque te
echaremos de menos, no solo yo, tus hijitos también; porque eres el mejor y
nunca te olvidaré.
Tequiero
un mogollonismo, mi Ik.
Imaginaros como la leí, creo que sobran las
palabras. Os preguntaréis el porqué de su muerte, pero ni yo, hoy en día lo sé.
Según los médicos, él horas antes llamó y dijo:
-Soy yo,
Iker González Escobar, como ya sabéis no digáis nada a nadie del porqué
de mi muerte.
Los médicos sí que sabían perfectamente de
qué había muerto pero respetaron su palabra al igual que lo hice yo, pero
quería que me despejaran una incógnita y entonces la pregunté a la médica:
-¿Se ha suicidado?
Ella rotundamente me respondió:
-Señorita, estate tranquila él no se ha
suicidado, pero no puedo decir nada más, algún día lo adivinarás.
Y todavía no sé nada acerca de su muerte,
prefiero vivir sin saberlo. Si él no quería que lo supiese, yo no lo quiero
saber.
De repente llamaron a la puerta de mi
habitación y se oyeron dos voces tan finas como el violín, una decía:
-Mamá, Samuel se ha copiado de mí y ha
escrito lo mismo.
Y la otra:
-No mientas Héctor, tú te has copiado de mí.
Decidí secarme las lágrimas, dejar la foto de
Ik y yo juntos; y abrirles la puerta.
-Mamá, ¿los reyes me pueden traer más de dos
cosas?-dijo Samuel.
Aunque no andábamos muy bien de dinero, todo
lo que mis hijos me pidieran yo se lo hacía corresponder.
-Samu que quieres para reyes.-le pregunté yo.
-Mamá solo quiero dos cositas: quiero que
dejes de llorar a escondidas y que seamos felices.
-Yo también quiero eso.-respondió Héctor con
carita de buenecillo.
No pude más y volví a llorar, posteriormente
ellos me abrazaron y me susurró uno de ellos, no me acuerdo cuál de los dos
porque no tenía ganas de pensar:
-Si tu lloras, nosotros también nos ponemos
tristes y siempre te oímos aunque tú no lo sepas.
Con solo 3 añitos y mirad lo que me dijeron.
Tenían el corazón tan suave y blandito como el de su padre.
Le sonreí y les dije:
-No os preocupéis mis niños que estas navidades
Mamá no volverá a estar triste porque los Reyes Magos ya os dado vuestro
regalo.
-No Mamá, los Reyes no conceden regalos hasta
el 6 de enero, por tanto toca esperar.-dijo Héctor
-Tienes razón chiquitín, así que ahora toca
irse a duchar-le respondí yo.
Les llevé a la ducha como mandaba la
tradición. Desde muy pequeñitos odiaban la hora de la ducha y para que se les
hiciera más amena jugábamos al escondite y al primero que pillaba se metía en
la bañera y el otro bañaba a su hermano y viceversa. Al principio me costó,
pero se fueron acostumbrando y hasta yo me lo acabo pasando bien aunque me
dejen después el cuarto como una pocilga.
El primero en bañarse, ya que se escondió en
el mismo sitio fue Héctor y después Samuel. Una vez bañados les dí de cenar unas
sopas muy calentitas que las llamaban “Las
minas de oro”. Yo no entendía el significado y siempre que les preguntaba
me respondían con un:
-Mamá los buenos recuerdos son los que se
guardan en el corazón, no en las fotos.
Me imagino que será alguna chorrada de éstas
que les enseñan en el cole para que coman mejor las sopitas.
Una vez finalizada la cena, les llevé a
dormir a sus literas, y les conté el cuento de “Peter Pan” que siempre me
pedían porque ya se le sabían de memoria y me mentían diciendo que sabían leer.
De tontos mis granujillas no tenían nada.
Les dejé dormidos y me tomé antes de
acostarme una tila.
De camino a la cama pasé por la habitación de
los chiquitos y les di sus besitos. Posteriormente entre en mi cuarto, me puse
el camisón y cogí de nuevo la foto de Ik y yo juntos. Sabía que mañana no iba a
ser un día fácil, pero les había prometido a los niños que en estas navidades,
nada de llorar ni pasarlo mal, al ir a dar un beso a la cara de Ik de la foto,
me acordé de una frase que los niños siempre decían cuando les preguntaba sobre
“Las minas de oro”.
-Mamá los buenos recuerdos son los que se
guardan en el corazón, no en las fotos.-recordé aquella frase.
Sí, exactamente, los niños no decían esa
frase porque se la hayan enseñado en la escuela, lo decían porque estaba
grabada en el borde del marco de la foto. ¡Qué tonta! Nunca me había percatado
de ese detalle.
¡Claro! Las llaman así porque detrás hay una
pegatina de la tienda donde compramos el marco. En dicha pegatina se encuentra
un logotipo de un tazón de sopas y pone “Las
minas de oro, entra y disfruta”.
Hacía tanto tiempo que Ik me había comprado
ese cuadro que ni yo me acordaba de la tienda ni que abajo en la esquina
posterior ponía “Los buenos recuerdos se
guardan en el corazón no en las fotos”.
De la emoción de haber resuelto “el misterioso caso de las sopas” se me cayó el cuadro al suelo y quedó
completamente hecho pedacitos. Sonó tan fuerte que del susto, Héctor se despertó y acudió a mi habitación
para averiguar lo que había sucedido. Él me ayudó a recoger los cristales (los
más grandes para que no se cortará) cuando de repente una carta se cayó al
suelo. Tenía un color granate y la dejé sobre la cómoda; mientras tanto tiramos
los cristales a la basura. Seguidamente Héctor dijo:
-Mamá, ¿por qué nunca nos hablas de Papá?
-Porque todavía no es el momento adecuado
cariño, ahora vete a la cama que mañana toca madrugar.-le aclaré.
-Vale, Mamá.- me dio un abrazo y se fue a
dormir.
Al echarme la manta para ya descansar, me
acordé de la misteriosa carta y la cogí dispuesta a leerla. Sentía mucha
curiosidad pero estaba muy cansada. La dejé sobre la mesilla y apagué la luz.
Pasó 1 hora y no podía dormir debido a la incertidumbre de la dichosa carta. Ya
no podía más. Encendí la luz y abrí la carta y cuál fue mi asombró al leer
aquella carta tan emotiva.
Querida
princesita:
Si lees esto, es porque ya no estoy ahí contigo,
abrazándote, besándote, acariciándote, porque desgraciadamente mi vida ha terminado. Solamente me queda una
semana para disfrutar esta vida contigo, porque mi médico de cabecera me ha
dicho que el día 26 de noviembre posiblemente fallezca. He intentado ocultarte
mi enfermedad para que no sufrieras tú también y seguir viviendo como hasta
ahora lo hacíamos. Quiero que mis hijos me recuerden, así que hazme el favor de
hablarles de mí siempre. Azi, muchísimas gracias por conocerme, darme estas
oportunidades, y esos dos cielos que llevas en tu vientre y que algún día
crecerán. No cierres las puertas a nada, disfruta de esta vida como yo lo hice
a tu lado. Espero que no estés llorando en estos instantes porque recuerda:
“Mientras
lloramos, nuestra cara se pone fea; y ya hay muchos feos en el mundo para que
ser uno más”
Te
debo la vida, sé feliz, dales recuerdos a esos granujas que seguro que son
igual de guapos que tú. Gracias por hacerme feliz, te lo mereces todo; desde mi
amor hasta la Luna entera.
Os
quiero pulgarcitos y princesita. Con muchísimo cariño Ik.”
Como contener las lágrimas mientras leía eso,
fue imposible. Ni las promesas, ni sus frases locas. Porque os dije que era
especial, aun sabiendo que moriría quiso disfrutar todo conmigo y guardarse el
dolor para dentro. Nunca sabré de que murió pero tampoco lo quiero saber,
imagino que tendría cáncer de esos que les llaman mortales. Que grande era.
Entre lágrimas decidí tumbarme en mi gran nube y hasta pienso que soñé con él,
que no se había ido que éramos felices y que nuestros hijos crecían a nuestro
lado.
Super bonita la historia, me ha emocinado! Te leere cuando tenga ratillos, eres bueno! Un beso!
ResponderEliminarSuper bonita la historia, me ha emocinado! Te leere cuando tenga ratillos, eres bueno! Un beso!
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