CAPÍTULO IV: Sonrisas para Navidad
Eso no parecían galletas, se asemejaban más al carbón que a las
galletas. Tuve que tirarlas a la basura y me parecía a mí que no iba a poder
hacer otras porque tenía que bajar a la
tienda de al lado todavía a comprar las patatas fritas y las pizzas. ¡No sé de
dónde iba a sacar el tiempo! De repente entró Hugo con los niños gritando que olía
a quemado.
-Sí, niños lo siento mucho las galletas se
han chamuscado.
-Jopelines Mama ¿hacemos otras?
- Lo siento Héctor, no tengo tiempo tengo que
ir a comprar las pizzas y las patatas fritas. Perdóname de verdad, tenía que
haber sido más cuidadosa.
-Si quieres baja a comprar la cena y si no te
importa nosotros nos quedamos haciendo galletas nuevas.-se ofreció Hugo.
No estaba muy segura, porque tampoco es que
Hugo fuera una persona que conociera un montón y tuviera plena confianza en él;
pero al final acabé cediendo.
-¿De veras puedo confiar en ti?
-Tranquila, no soy un delincuente.
-Pues está bien, enseguida me cambio y bajo a
por la cena.- sonreí yo.
-Bien, toma ya. Bravo Hugo.-gritaron al
unísono los dos granujillas
Me fui a mi habitación a ponerme la ropa y
quitarme el pijama, porque en mi casa siempre estoy con mi pijama de cerditos. ¡Me
encantan los pijamas! Son tan cómodos…
Antes de irme tuve que explicar a Hugo cómo
se hacían las galletas y donde estaban los ingredientes.
-En este cajón de la esquina está la harina y
el azúcar, no debes echar mucho azúcar porque pueden empalagar luego un montón;
echa más o menos 250g.
-Mira… Aza…; es que nunca he hecho galletas.
-Jajajaja. Tranquilo no te preocupes
enseguida te enseño.
-Gracias.-sonrió Hugo.
-¿Sabes dónde está todo?
-Más o menos, si se me olvida algo se lo diré
a los niños que seguro que sí que lo saben.
-¡Ah! Se me olvidaba, no amases nunca tú la
masa, de eso ya se encargan los niños, si no se enfadarán y no probarán las
galletas.
-Jejeje, que majos son.-sonrió Hugo.
-Bueno te voy a explicar cómo hacerlas.
Primero tienes que empezar a cocer agua. Seguidamente viertes el sobre de
chocolate en polvo, 500gramos de harina y unos 250 gramos de azúcar y comienzas
a remover; siempre remueve en el sentido derecho.
Me estaba mirando con una cara rarísima,
parecía que le estaba hablando en chino y entonces me preguntó.
-¿Qué es cocer? ¿Y cuál es el sentido
derecho? Es que… nunca he cocinado…
Sonreí y le dije que cocer solamente
consistía en echar agua en el cazo y darle calor con la vitro y que cuando
comenzarán a salir burbujas ya empezaría a hervir y le enseñe cuál era el
sentido derecho.
-Así se remueve, toma prueba.
Cogió la cuchara de madera y lo hacía al
contrario entonces le cogí la mano y le dije:
Así
no, tú déjate enseñar por qué si no, no llegamos a ningún sitio.
Y con la ayuda de mi mano le enseñé como
debía remover.
-Seguramente que me salen las galletas peor
que las tuyas Azahara.
-No creas, si es muy fácil. A ver una vez que
tú veas que ya ha espesado, déjalo 10 minutos enfriar. Pasados esos 10 minutos vértelo
sobre la tabla verde que está en el último cajón y ya los niños se encargan de
amasarlo y darlo forma. Cuando ya tengan forma las metes en el horno y lo
programas a 200 grados centígrados durante 20 minutos. ¡Et voilá!
-Jajajaja.- sonrió Hugo.
-Sí parece fácil,…
-Tú sin miedo, que seguro que no te salen
como mis primeras galletas que parecían piedras.
-Jejeje.
-Bueno pues yo ya me voy. Dentro de unos minutos
ya estoy de vuelta. ¡Suerte con las galletas!
-La voy a necesitar sí.
Le dejé al mando de la cocina y me fui a
darles dos besos a mis niños que estaban jugando en el patio.
-Chicos, meteos dentro y ayudar a Hugo que no
tiene ni idea de hacer galletas.-les susurré bajito.
-Vale, Mamá.- me contestaron los dos a la
vez, en un tono muy bajito para que Hugo no se diera cuenta.
Me fui a la tienda de ultramarinos que estaba
muy cerca de nuestra casa, pero como soy así de ahorradora y de generosa con el
medio ambiente, pues cogí el coche.
Al llegar, miles de vecinos que estaban allí
me besuquearon y me felicitaron las navidades. Habría por lo menos en aquella
tienda 100 personas y en caja una cola de aquí a Rusia. Los pensados 20 minutos
que iba a tardar se convirtieron exactamente en 1 hora, pero es que justita,
hasta cronometrada y todo. Mientras estaba allí no hacía otra cosa que pensar
en las galletas, en sí podrían haberlas elaborado, pensando en que habían
podido quemarlas, cualquier cosa para matar el aburrimiento.
Por fin llegué a casa. Qué bien olía… Parecía
que estaba en una pastelería cuando los pasteles estaban recién sacados del
horno.
-Mamá, mamá tapate los ojos con esta
venda.-me dijo Héctor.
-Sí y agárrate a mi mano.- añadió Samuel.
-¿Para qué chicos?
-Es sorpresa.-contestó Samuel.
Les obedecí, dejé las llaves sobre el vacíabolsillos
de la entrada, me tape los ojos con aquella media, que mis niños habían cogido
de mi armario y agarré a Samuel de la manita.
Me condujo hasta la cocina. Cuanto más me acercaba
a la cocina mejor olía. Mmm…
-Destápate los ojos.-dijo Hugo.
Fui un momento tan bonito que me dieron ganas
de comérmeles a los 3 a besos. Habían hecho unas galletas muy bonitas y
seguramente que estarían tan ricas. Cada galleta tenía una letra y todas en
conjunto formaban un mensaje precioso. Juntando todas las galletas se podía
leer:
S-O-N-R-I-S-A-S-P-A-R-A-N-A-V-I-D-A-D.
Si su intención era sacarme una sonrisa no lo
cumplieron, lo sobrepasaron. Creo que mi boca en esos pequeños minutos dibujó
cien mil sonrisas.
-Venid aquí pequeñajos que os voy a dar un
besazo enorme.
Les abrace tan fuerte y les comí la cara a
besos a mis dos pulgarcitos.
-Muchas gracias Hugo.
-Nah… todo el mérito es de estos
pequeños.-sonrió.
-Jejeje.
-¿Me podéis dejar probar una?.-les pregunté a
los niños.
-No Mamá, son el postre de esta noche, te
toca esperar.- me respondió Héctor.
-Está bien…
-Hugo ven con nosotros a nuestra habitación.
-No chicos, seguro que vuestra mamá no
quiere.
-¿Mamá puede venir Hugo a nuestra habitación
a jugar con la granja de los playmobil?.-preguntó Samuel.
-Claro, no pasa nada. Yo mientras voy a meter
la ropa a la lavadora y a tenderla.
-Yupiiiiiiii.-gritaron a la vez mis niños.
-Vamos Hugo sube.
Eran las 8 y media de la noche y ya había
terminado de tender y planchar la ropa, y como oía tanto jaleo en la habitación
de los niños, decidí subir. Cuando llegué, no decidí entrar y observé desde el
pasillo que estaban jugando al escondite con Hugo y que era éste el que se la
picaba. Vi aquella situación y me recordó un montón a Iker y pensé lo mucho que
le hubiera gustado estar aquí, jugando con ellos y como siempre me aislé a mi
cuarto a llorar con la foto de nosotros dos juntos. Al cabo de unos minutos
llamaron a la puerta y corriendo me peine un poco y me sequé las lágrimas.
-¿Puedo pasar?-preguntó Hugo.
-Claro pasa, entra.
-Disculpa Azahara, pero los niños se han
metido a la bañera me han dicho que siempre se bañan sobre esta hora y me ha
tocado jugar al escondite con ellos.
-Sí, siempre se bañan sobre las 9 y o juegas
con ellos al escondite o no se bañan.-sonreí.
-¿Te encuentras bien? Sé que no está bien
pero te he escuchado llorar.
-Sí, no es nada. Pero pasa no te quedes en la
puerta.
-No, he venido por si puedo ayudarte en algo.
-No solo estaba recordando viejos tiempos y
ya sabes, las lágrimas nunca faltan.
Seguidamente me eché a llorar y me senté en
la cama, Hugo enseguida me fue a consolar y me dijo:
-¿Es por lo de tu marido?
-Sí, me hubiera gustado que estuviera aquí
con nosotros y cuando le he visto a usted allí, en la habitación de los
pequeños, pues me ha traído muchos recuerdos.
-No te preocupes Azahara, allá donde esté,
estará feliz de haber tenido a esas dos preciosas criaturas y haber compartido
su vida contigo.
-No lo dudo.
Me abrazó y me estuvo consolando durante un
buen rato. Al final Hugo me estaba empezando a caer bien y junto a él me sentía
más feliz. Estaba volviendo a tener ese cosquilleo con el que Iker una vez me
enamoró y quizás sin darme cuenta me estaba enamorando poquito a poco de Hugo.
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