viernes, 26 de diciembre de 2014

¡CUARTO CAPÍTULO DE MI NOVELA! Se va acabando. Solamente quedan 3 capítulos. ¿Volverá Azahara a creer en la Navidad?

CAPÍTULO IV: Sonrisas para Navidad
Eso no parecían galletas,  se asemejaban más al carbón que a las galletas. Tuve que tirarlas a la basura y me parecía a mí que no iba a poder hacer otras porque  tenía que bajar a la tienda de al lado todavía a comprar las patatas fritas y las pizzas. ¡No sé de dónde iba a sacar el tiempo! De repente entró Hugo con los niños gritando que olía a quemado.
-Sí, niños lo siento mucho las galletas se han chamuscado.
-Jopelines Mama ¿hacemos otras?
- Lo siento Héctor, no tengo tiempo tengo que ir a comprar las pizzas y las patatas fritas. Perdóname de verdad, tenía que haber sido más cuidadosa.
-Si quieres baja a comprar la cena y si no te importa nosotros nos quedamos haciendo galletas nuevas.-se ofreció Hugo.
No estaba muy segura, porque tampoco es que Hugo fuera una persona que conociera un montón y tuviera plena confianza en él; pero al final acabé cediendo.
-¿De veras puedo confiar en ti?
-Tranquila, no soy un delincuente.
-Pues está bien, enseguida me cambio y bajo a por la cena.- sonreí yo.
-Bien, toma ya. Bravo Hugo.-gritaron al unísono los dos granujillas
Me fui a mi habitación a ponerme la ropa y quitarme el pijama, porque en mi casa siempre estoy con mi pijama de cerditos. ¡Me encantan los pijamas! Son tan cómodos…
Antes de irme tuve que explicar a Hugo cómo se hacían las galletas y donde estaban los ingredientes.
-En este cajón de la esquina está la harina y el azúcar, no debes echar mucho azúcar porque pueden empalagar luego un montón; echa más o  menos 250g.
-Mira… Aza…; es que nunca he hecho galletas.
-Jajajaja. Tranquilo no te preocupes enseguida te enseño.
-Gracias.-sonrió Hugo.
-¿Sabes dónde está todo?
-Más o menos, si se me olvida algo se lo diré a los niños que seguro que sí que lo saben.
-¡Ah! Se me olvidaba, no amases nunca tú la masa, de eso ya se encargan los niños, si no se enfadarán y no probarán las galletas.
-Jejeje, que majos son.-sonrió Hugo.
-Bueno te voy a explicar cómo hacerlas. Primero tienes que empezar a cocer agua. Seguidamente viertes el sobre de chocolate en polvo, 500gramos de harina y unos 250 gramos de azúcar y comienzas a remover; siempre remueve en el sentido derecho.
Me estaba mirando con una cara rarísima, parecía que le estaba hablando en chino y entonces me preguntó.
-¿Qué es cocer? ¿Y cuál es el sentido derecho? Es que… nunca he cocinado…
Sonreí y le dije que cocer solamente consistía en echar agua en el cazo y darle calor con la vitro y que cuando comenzarán a salir burbujas ya empezaría a hervir y le enseñe cuál era el sentido derecho.
-Así se remueve, toma prueba.
Cogió la cuchara de madera y lo hacía al contrario entonces le cogí la mano y le dije:
 Así no, tú déjate enseñar por qué si no, no llegamos a ningún sitio.
Y con la ayuda de mi mano le enseñé como debía remover.
-Seguramente que me salen las galletas peor que las tuyas Azahara.
-No creas, si es muy fácil. A ver una vez que tú veas que ya ha espesado, déjalo 10 minutos enfriar. Pasados esos 10 minutos vértelo sobre la tabla verde que está en el último cajón y ya los niños se encargan de amasarlo y darlo forma. Cuando ya tengan forma las metes en el horno y lo programas a 200 grados centígrados durante 20 minutos. ¡Et voilá!
-Jajajaja.- sonrió Hugo.
-Sí parece fácil,…
-Tú sin miedo, que seguro que no te salen como mis primeras galletas que parecían piedras.
-Jejeje.
-Bueno pues yo ya me voy. Dentro de unos minutos ya estoy de vuelta. ¡Suerte con las galletas!
-La voy a necesitar sí.
Le dejé al mando de la cocina y me fui a darles dos besos a mis niños que estaban jugando en el patio.
-Chicos, meteos dentro y ayudar a Hugo que no tiene ni idea de hacer galletas.-les susurré bajito.
-Vale, Mamá.- me contestaron los dos a la vez, en un tono muy bajito para que Hugo no se diera cuenta.
Me fui a la tienda de ultramarinos que estaba muy cerca de nuestra casa, pero como soy así de ahorradora y de generosa con el medio ambiente, pues cogí el coche.
Al llegar, miles de vecinos que estaban allí me besuquearon y me felicitaron las navidades. Habría por lo menos en aquella tienda 100 personas y en caja una cola de aquí a Rusia. Los pensados 20 minutos que iba a tardar se convirtieron exactamente en 1 hora, pero es que justita, hasta cronometrada y todo. Mientras estaba allí no hacía otra cosa que pensar en las galletas, en sí podrían haberlas elaborado, pensando en que habían podido quemarlas, cualquier cosa para matar el aburrimiento.
Por fin llegué a casa. Qué bien olía… Parecía que estaba en una pastelería cuando los pasteles estaban recién sacados del horno.
-Mamá, mamá tapate los ojos con esta venda.-me dijo Héctor.
-Sí y agárrate a mi mano.- añadió Samuel.
-¿Para qué chicos?
-Es sorpresa.-contestó Samuel.
Les obedecí, dejé las llaves sobre el vacíabolsillos de la entrada, me tape los ojos con aquella media, que mis niños habían cogido de mi armario y agarré a Samuel de la manita.
Me condujo hasta la cocina. Cuanto más me acercaba a la cocina mejor olía. Mmm…
-Destápate los ojos.-dijo Hugo.
Fui un momento tan bonito que me dieron ganas de comérmeles a los 3 a besos. Habían hecho unas galletas muy bonitas y seguramente que estarían tan ricas. Cada galleta tenía una letra y todas en conjunto formaban un mensaje precioso. Juntando todas las galletas se podía leer:
 S-O-N-R-I-S-A-S-P-A-R-A-N-A-V-I-D-A-D.
Si su intención era sacarme una sonrisa no lo cumplieron, lo sobrepasaron. Creo que mi boca en esos pequeños minutos dibujó cien mil sonrisas.
-Venid aquí pequeñajos que os voy a dar un besazo enorme.
Les abrace tan fuerte y les comí la cara a besos a mis dos pulgarcitos.
-Muchas gracias Hugo.
-Nah… todo el mérito es de estos pequeños.-sonrió.
-Jejeje.
-¿Me podéis dejar probar una?.-les pregunté a los niños.
-No Mamá, son el postre de esta noche, te toca esperar.- me respondió Héctor.
-Está bien…
-Hugo ven con nosotros a nuestra habitación.
-No chicos, seguro que vuestra mamá no quiere.
-¿Mamá puede venir Hugo a nuestra habitación a jugar con la granja de los playmobil?.-preguntó Samuel.
-Claro, no pasa nada. Yo mientras voy a meter la ropa a la lavadora y a tenderla.
-Yupiiiiiiii.-gritaron a la vez mis niños.
-Vamos Hugo sube.

Eran las 8 y media de la noche y ya había terminado de tender y planchar la ropa, y como oía tanto jaleo en la habitación de los niños, decidí subir. Cuando llegué, no decidí entrar y observé desde el pasillo que estaban jugando al escondite con Hugo y que era éste el que se la picaba. Vi aquella situación y me recordó un montón a Iker y pensé lo mucho que le hubiera gustado estar aquí, jugando con ellos y como siempre me aislé a mi cuarto a llorar con la foto de nosotros dos juntos. Al cabo de unos minutos llamaron a la puerta y corriendo me peine un poco y me sequé las lágrimas.
-¿Puedo pasar?-preguntó Hugo.
-Claro pasa, entra.
-Disculpa Azahara, pero los niños se han metido a la bañera me han dicho que siempre se bañan sobre esta hora y me ha tocado jugar al escondite con ellos.
-Sí, siempre se bañan sobre las 9 y o juegas con ellos al escondite o no se bañan.-sonreí.
-¿Te encuentras bien? Sé que no está bien pero te he escuchado llorar.
-Sí, no es nada. Pero pasa no te quedes en la puerta.
-No, he venido por si puedo ayudarte en algo.
-No solo estaba recordando viejos tiempos y ya sabes, las lágrimas nunca faltan.
Seguidamente me eché a llorar y me senté en la cama, Hugo enseguida me fue a consolar y me dijo:
-¿Es por lo de tu marido?
-Sí, me hubiera gustado que estuviera aquí con nosotros y cuando le he visto a usted allí, en la habitación de los pequeños, pues me ha traído muchos recuerdos.
-No te preocupes Azahara, allá donde esté, estará feliz de haber tenido a esas dos preciosas criaturas y haber compartido su vida contigo.
-No lo dudo.
Me abrazó y me estuvo consolando durante un buen rato. Al final Hugo me estaba empezando a caer bien y junto a él me sentía más feliz. Estaba volviendo a tener ese cosquilleo con el que Iker una vez me enamoró y quizás sin darme cuenta me estaba enamorando poquito a poco de Hugo.


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